El trabajo arduo da sus frutos

El trabajo arduo da sus frutos

Siempre digo: grandes sueños traen consigo grandes desafíos. Pero vaya que bien vale el trabajo que se hace con excelencia y compromiso para alcanzar aquello que anhela el corazón. ¿Deseas algo fervientemente? Entonces, haz lo que te corresponde para lograrlo.

Todo empieza con un sueño

Creo que Dios coloca en nuestro corazón la semilla de un sueño. Es parte del contrato que nuestra alma hizo con él antes de venir a este plano. Son varios anhelos y muchas metas, claro, pero hay uno que en determinado momento puede ser muy poderoso.

También tengo la certeza de que cuando la semilla de ese sueño está en nosotros, es porque podemos llevarlo a cabo. Tenemos con qué lograrlo aunque a veces nuestros pensamientos y patrones limitantes nos hacen dudar de ello. Por supuesto que no recordamos ese acuerdo de nuestra alma y muchas veces ese anhelo luce lejano o imposible.

No sueltes tan pronto el trabajo necesario para lograr lo que anhela tu corazón

Hace un par de meses escribí un artículo en el que hablaba de que cuando algo corresponde, es fácil y fluido. Aquí te dejo el artículo.

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Y luego me quedé pensando en que algunas cosas no son tan fáciles ni ocurren de manera tan fluida, pero bien merecen ese trabajo arduo si se desea disfrutar de lo que se quiere. Y no es que ahora me esté contradiciendo, solo que a veces el sueño es tan grande, hermoso y poderoso, que aunque luzca cuesta arriba bien vale hacer el esfuerzo.

Por ejemplo: tengo el sueño de una Venezuela que vuelva a la democracia, a la libertad y al progreso. Tengo muy claro, por una parte que yo sola no puedo lograrlo, que este es una meta colectiva. Pero ese deseo es tan fuerte en mi corazón, que aun cuando a veces luzca muy difícil, que no lo lograremos, no me rendiré. Sé que si bien no está únicamente en mis manos, tengo la posibilidad de influir en mis hermanos y ayudar a que quienes tienen el mismo sueño se unan a mí. Sé que muchos tenemos ese mismo gran sueño y confío que podamos unirnos a lograrlo.

Así que lo intento una y otra vez, como ciudadana y desde mi área de influencia. A veces suelto, a veces siento frustración al no verlo materializado. Entonces, regreso a la parte más personal y pido guía divina. Intento guardar silencio en mi mente para poder oír lo que Dios quiere para mí a este respecto. Suelto, disfruto de mis bendiciones pongo mi atención en otras cosas. Y luego vuelvo a ver cómo puedo contribuir a alcanzar el renacimiento de mi amada Tierra de Gracia.

Así que como dije en el otro artículo, merecemos una vida fácil y fluida. Pero también hay momentos cuando esos grandes sueños son tan importantes para nosotros que merecen nuestro mayor esfuerzo. Y también requieren de paciencia y persistencia para que a pesar de los obstáculos nos mantengamos haciendo ese trabajo que nos lleve a la meta.

Ver si el sueño viene del ser o del ego

El ser para mí es la conexión con nuestra esencia y la parte más sabia de nosotros. En el ser se encuentra ese pedacito de Dios que habita en cada uno. Por el contrario, el ego es esa parte de nosotros que nos mide y evalúa con base en los resultados. El ego necesita tener la razón, sentirse a salvo y que encaja.

Entonces, a veces eso que decimos que son grandes sueños no vienen de nuestro ser, sino de nuestro ego. Y eso hace una diferencia para saber cuándo vale hacer ese trabajo arduo y cuándo lo que se requiere es darse cuenta de que ese no es el camino para esa persona.

A veces esas metas no son verdaderamente nuestras. Con frecuencia nuestro deseos no vienen de ese acuerdo previo que nuestra alma hizo y que describía al principio del artículo. Por el contrario son deseos más bien tomados como nuestros, pero que vienen de lo aprendido socialmente. Por ejemplo: muchos buscan fama y fortuna como una forma de compensar una frágil autoestima. En casos así, nuestros pensamientos limitantes dicen que valdremos más si logramos determinada cosa. Metas como estas que vienen del ego pueden requerir que pagues un precio muy alto por lo que quieres.

Una pista que puede ayudarte a saber si lo que anhelas viene de tu ser o tu ego es la siguiente: ¿buscas alguna forma de reconocimiento? ¿Deseas que una o muchas personas te digan: ¡bravo!, qué bien lo has hecho? Si eso es así ese es tu ego. De hecho, por ejemplo, la fama y la fortuna son la consecuencia de un trabajo bien hecho, pero no una meta per se.

Así que te invito a que hagas una revisión contigo, para primero reconocer cuáles son esos grandes sueños que tienes. Luego pregúntate: ¿para qué quiero lograr esto? Esas respuestas te darán pistas de si el anhelo es verdaderamente tuyo o no. En el primer caso, no te rindas y trabaja arduamente. Seguro que en algún momento estarás disfrutando de la satisfacción de lograr lo que desea tu corazón. ¡Vamos, que tú puedes!

Imagen de Aline Dassel en Pixabay 



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