¿Qué peso tiene la familia en la pareja?

¿Qué peso tiene la familia en la pareja?

Cuando nos embarcamos en una relación de pareja, emprendemos un recorrido que nos genera expectativas. Nos ronda y rodea la idea de haber hallado a la persona ideal; nos seduce la ilusión de compartir una vida con ese ser tan especial, y mucho más.

Cuando se sigue transitando el recorrido en el que se conoce la pareja mutuamente, los colores de la relación tornan a nuevos matices. Surgen diferencias de criterios. Aumenta la necesidad de alcanzar ciertos acuerdos.

En este conglomerado de acercamientos, el vínculo de la pareja se fortalece cuando se elaboran códigos en conjunto y se establecen las alternativas que resultan más beneficiosas para ambas partes.

Este proceso debería estar lleno de complicidad, porque su buena consecución es para la armonía individual y compartida.

En este intercambio es clave recordar que cada miembro de la pareja proviene de sistemas familiares con profundas distinciones de formas de amar. Por ello, cuando uno de los miembros de la pareja piensa: «mi forma de ser, pensar, actuar… está bien y la de mi pareja no», es similar a que sostuviera: «Mi familia está bien, pero la de mi pareja no».

Si por el contrario, uno de los miembros de la pareja acepta e incluso exalta todo lo que hace su pareja sin mediar, podría pensar algo como: «No me gusta mi familia, pero la de mi pareja sí está bien».

Las situaciones descritas crean desequilibro en la pareja.

Cuando nos comprometemos en un proyecto de pareja, nos debemos emparejar con las formas consensuadas entre los dos. Por ello, hacer pareja es una tarea increíblemente aleccionadora en la que intervienen nuestras representaciones familiares.

La pareja se construye familiarizándose entre sí. Esto se da con equilibrio cuando nuestras familias tienen para cada uno y para el otro UN GRAN VALOR.



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