El valor de la familia y los amigos

 

Por naturaleza los seres humanos siempre estamos rodeados de personas, desde el día del nacimiento hasta nuestro último suspiro. Los primeros en hacer presencia son las madres y los médicos quienes orientan y organizan el proceso de parto y luego la adaptación del neonato, recién nacido, al nuevo mundo, su nueva casa, el sitio que será su hogar, mientras los padres observan y acompañan toda esta experiencia desde la primera fila, a fin de cuentas, la creación humana es producto del amor o la unión de dos individuos quienes comparten los mismos sueños, las mismas responsabilidades, los derechos y deberes sobre la criatura; así debe ser.

Con el transcurso del tiempo más personas se incorporan a la historia del infante, hacen el papel de hermanos, abuelos, tíos, primos, sobrinos, cada uno desempeña un rol que será determinante para el mismo, pues, con el paso de los años construirán la personalidad del hombre o la mujer en cuestión. En paralelo, los amigos y los allegados también tienen su cuota de participación, con ellos se refuerzan valores, se fortalecen lazos y se fomenta el criterio de lo bueno y lo malo; elemental para la formación de un individuo.

El cariño de los seres queridos es necesario para conquistar los triunfos, finiquitar el éxito, superar los obstáculos y trasformar los fracasos en oportunidades para nuevos éxitos. Cada uno tiene una función durante la hazaña, los padres son los orientadores durante el camino; tienen la experiencia y la veteranía necesaria para formar la célula que cambiará el mundo para mejor. Cada uno tiene una cosmovisión contraria al otro en muchos, en algunos o en pocos aspectos, sin embargo, la negociación, el diálogo y el entendimiento son herramientas claves para una buena crianza; no solo en los primeros lustros también es válido para el resto esta extraordinaria aventura.

Cada uno tiene un privilegio que no se comprara con nada. Ver como algo pequeño, frágil, cándido, se transforma en un individuo fuerte, razonable, lleno de conocimientos, creencias, valores, principios, educación, amor, salud, espiritualidad; arraigado a sus costumbres, sus aborígenes y con un gran sentido de identidad que trasciende las barreras del fanatismo y la polarización; como diría aquel famoso comercial de una tarjeta de crédito “no tiene precio”.

El resto del núcleo, tiene el deber y la responsabilidad de brindar un aporte sobre lo anterior, cada uno tiene una óptica distinta y en ocasiones existirán paradojas que alimentaran enigmas que se convertirán en retos, no obstante, el cariño nunca se evaporará de la atmósfera y serán la familia, los amigos y los allegados quienes harán e integraran junto al protagonista de la historia… ¡Una aventura llamada vida!.

 

César Alberto Alarcón
Estudiante de Comunicación Social
Articulista, Bloguero de Análisis Cotidiano http://caracas1995.blogspot.com/ Twitter: @calbertoa @Analisiscotidi Facebook: Análisis Cotidiano



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