El valor del minuto siguiente

¿Tienes un mal día? ¿Te sientes [email protected] por algún problema? ¿O estás saliendo de una relación tóxica? O…

Tanto si estás luchando contra algún demonio interno (alguna adicción por ejemplo) o contra aquellos monstruos con tentáculos que son los pensamientos circulares (los que sólo halan para abajo…) es usual que en el proceso sufras altibajos emocionales que a ratos te hacen dudar si vas a salir adelante o te vas a venir abajo irremisiblemente.

Ya sea para sacudirte de encima la nube negra que te acosa ó ese sentimiento inquietante que si lo dejas crecer te autodestruye, toma acción y decide qué vas a hacer estrictamente EL MINUTO SIGUIENTE.

Nada de “un día a la vez” como dicen algunos por allí, NO!!… lo real, lo terrenal y humanamente manejable es cómo lidiar con el minuto siguiente. “Un día a la vez” es una cantidad de tiempo inmanejable bajo los efectos de un estado emocional precario! Es dejar la puerta trasera abierta para que por allí se cuele la duda, la falta de voluntad, o el preludio al fracaso.
Un minuto a la vez, es lo que los budistas llamarían estar en tiempo presente.

– Y qué hago con lo que siento? Porque lo que tengo claro es que me siento mal. Lo reconozco y lo admito. Y acto seguido decido qué puedo hacer, de manera inmediata, para sentirme DIFERENTE, sentirme MEJOR. Algo pequeño, algo sencillo. No es irme a las Bahamas; allí cualquiera se siente bien, eso no tiene mérito alguno (y de paso, igual hay que planificarlo para lograrlo).

Pienso en lo inmediato. Qué me puede reconfortar en el próximo minuto:

• Un humeante café mientras contemplo la ondulante silueta de mi amado cerro Ávila. Y me agradezco la buena fortuna de contar con ello y apreciarlo.

• Un delicioso chocolate negro que se va derritiendo entre mi lengua y mi paladar, y me dejo invadir por una ola, un destello de placer. Y me agradezco la virtud del disfrute.

• Detengo mi rutina un instante. Me asomo por la ventana y escucho los sonidos de la vida, cómo el sol hace brillar el cielo, cómo la brisa mueve las hojas de los árboles. Y permito se inunden mis sentidos, vista, oído, olfato, incluso la piel si siento cómo el viento me hace suya con sólo rozarme. Cierro los ojos, me dejo acunar y agradezco mi percepción ávida de sentir.

• Abro al azar la página de algún libro harto manoseado y escojo un párrafo a ver que reflexión me proporciona. Lo leo, lo integro. Y agradezco el trozo de conciencia que me llega a través de algún insospechado mensajero del Universo.

Y mientras tanto, siento como mi respiración contraída por la ansiedad suelta un suspiro y me permite tomar una o dos respiraciones más profundas y me afloja un poquito dos o tres músculos en mi cuerpo. Un poco es mucho. Y agradezco nuevamente, que tengo la capacidad de darme cuenta, de momento en momento, que puedo sentir placer, alivio, tibieza en mi corazón vulnerable y que a pesar de todo puedo seguir adelante, HOY un poco más…

Si me estás leyendo es porque quizás te intrigó la frase, o porque quizás tu cuerpo quiera un poco de tregua. Tómate un instante para hacer tuya esta práctica…

Si la ansiedad quiere adueñarse de tu vida (o ya logró ese cometido), TOMA ACCIÓN, de minuto en minuto. Encontrarás que es más fácil lidiar con aquellos saboteadores diarios o de temporada tan sólo tomando el minuto siguiente.

No es Un Día a la Vez, como alguien dijo por ahí. Es Un Minuto a la Vez!
Y en menos de lo que te das cuenta, logras superar con éxito el día entero, la semana completa… y descubres EL PODEROSO VALOR DEL MINUTO SIGUIENTE.

Kati Hibjan



Deja tus comentarios aquí: