El verdadero oro de las olimpiadas

Olvídense del Super Bowl, de la final del tenis, o del Mundial de Fútbol. No hay competencia deportiva que pueda igualar a los Juegos Olímpicos.

Durante las pasadas semanas lo único que me motivó a estar frente a la pantalla de mi televisor fue lo que aconteció en vivo desde la ciudad de Londres con las olimpíadas 2012.

Me encanta todo lo que envuelve a la Olimpiadas: en primer lugar la completa dedicación de los atletas, luego la precisión y el poder de las competencias, lo magnánimo de la ceremonia de apertura y el sentimental acto de clausura. Pero lo que más me inspira es el pluralismo del evento en sí.

Londres-2012

Este año los miembros del comité olímpico de Londres hicieron un doble esfuerzo para asegurar que todas las culturas y la fe de los 17.000 atletas y sus comitivas se sintieran bienvenidos. El Comité olímpico solicitó a Londres crear espacios apropiados para cristianos, musulmanes, judíos, hindúes y budistas, pero además los organizadores decidieron construir pequeñas lugares de oración para sijistas zoroastrianos, jainistas y baha’is.

Todo se organizó con el fin de lograr armonía entre los participantes, inclusive las jugadoras de balónpie usaron sus respectivos hiyabs, (velo islámico) especialmente diseñados para mantenerlos en su lugar y evitar obstrucciones en la visión durante los juegos.

Londres tuvo este año un significado muy especial para el globo terrestre. Por dos semanas el mundo se convirtió en una suerte de mezcla familiar creando una bellísima montaña de humanidad dentro de la cual todo funcionó armoniosamente.

Ver a esos miles de jóvenes atletas compartiendo, disfrutando con pasión algo que les es común a todos: el amor por el deporte ciertamente nos conmovió. Sentarse frente al televisor a observar sus sonrisas al finalizar su actuación, aunque no hubieran clasificado para la competencia final, constituyó algo magistral y hermoso.

Durante dos semanas, cada uno de los países de planeta entraron en sintonía en un solo entusiasmo para aupar a sus muchachos, en una competencia sana, sin guerras ni argumentos religiosos abriendo sólo un camino hacia el respeto y la admiración mutuos.

Londres-2Ha sido sin duda alguna un respiro entre tanta injusticia. Sólo 15 días fueron suficientes para que las futuras generaciones colmadas de excelentes deportistas y brillantes estudiantes dieran un espectacular ejemplo de respeto al prójimo.

Al final se lograron los objetivos: maravillosos jóvenes procedentes de todas partes del mundo compitieron limpiamente sobre un mismo terreno, en una tierra compartida por todos frente a millones de personas, al tiempo que añoraban a sus familias, y a sus patrias.

Ojalá esas dos semanas se extendieran por todos estos años que están por venir uniendo fronteras y olvidando rencores de la misma manera que lo hicieron estos héroes de la humanidad.

El oro es para todos esos muchachos quienes con su ejemplo de dignidad han demostrado que hay más de un Zeus para rendirle tributo.

 



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