El verdadero santa

Cuenta la leyenda que San Nicolás era un obispo del país de Turquía, quien vivió en el cuarto siglo después de Cristo. Se llamaba Nicolás y se destacaba por su generosidad en ayudar a quien pudiera, especialmente a través de regalos que hacía a las personas pobres y necesitadas. Pero lo hacía en forma secreta, porque era un hombre sumamente tímido. Después de su muerte, las historias acerca de sus buenas obras se diseminaron alrededor del mundo y la leyenda llegó a nuestra época moderna con el nombre de “San Nicolás”  “Santa Claus” o “Papá Noel”.

Papá Noel, Santa Claus o San Nicolás son algunos nombres con los cuales se conoce universalmente al personaje legendario que trae regalos a los niños en Navidad. De alguna u otra manera todos hemos crecido con esta cultura. Las fiestas de Navidad representan días muy especiales en los que cada familia celebra la ocasión de acuerdo con sus propias tradiciones y cultura.

Para nuestro hijo la figura de Santa representa una parte muy importante en estas fechas, confía fielmente en su existencia porque así se lo hicimos creer, cada año deja su vaso de leche y una galleta para agradecerle por los regalos que le da en Nochebuena.

SantaYa Fabio cumplirá 8 años y se que pronto llegará el día en el que debamos decirle la verdad. Y por más que le hemos hablado que Santa es un espíritu mágico que reside en nuestros corazones, siempre me pregunto ¿cómo manejar ese momento para evitarle la mayor cantidad de desilusión posible.?

¿Qué respuesta debemos darle cuando se acerque y nos pregunte: “Santa de verdad no existe”?

Cecilia que es mamá de una niña de 4 años afirma que el debate sobre ocultarle o revelarle a un niño la realidad de Santa Claus es polémico. “Tarde o temprano, por sus hermanos mayores, por el colegio, o simplemente porque lo suspicaz que sea, se planteará la pregunta”. Sin embargo, concuerda con Mommy bitacora que el simbolismo que les enseñemos a nuestros hijos acerca de lo que es la Navidad y de lo que representa Santa Claus puede durar en su mente para siempre.

Por su parte, Jazmín nos dice que bebemos enseñarles que la fe de los demás siempre debe ser respetada, sin importar si es verdad o mentira, o si ellos la compartan o no, inculcándoles el valor de la tolerancia y el respeto por la diferencia de creencias y cultura, algo fundamental para el desenvolvimiento social de nuestros hijos.

En cualquiera de los dos casos, pienso que no debemos olvidar que la existencia de Santa, como cualquier creencia depende únicamente de la fe y que representa un símbolo de bondad, de generosidad. Dentro de cada uno de nosotros, en el corazón de cada ser humano existe realmente ese hombre robusto, de barba blanca, gorro rojo y mejillas rosadas. Además, la auténtica Navidad no radica en quién deja los regalos bajo el árbol, sino en quién tiene la capacidad para sentir en su corazón que Santa existirá dentro de cada uno siempre.



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