¿Embarazada? No le temas al parto

Desaprender se ha vuelto la consigna de los nuevos tiempos. Desaprender para vivenciar con plenitud y liberarnos de las automatizaciones que rigen nuestras actividades cotidianas e incluso nuestros cuerpos. Una de esas automatizaciones tiene que ver con el embarazo y parto. Lo que en tiempos de nuestras bisabuelas era un evento tan natural como el amanecer y las cosechas, hoy es un ámbito tecnologizado y con un camino de miedos por superar.

Uno de estos miedos es el parto, el cual es visto cada vez más como un asunto médico que personal. En este aspecto, la preparación prenatal y una serie de prácticas físicas y psicoemocionales devuelven a las familias el poder sobre sus cuerpos y la posibilidad de un parto respetado y humano.

La mayor parte de los “cursos prenatales” se basa en un temario compuesto por las nociones básicas de fisiología del embarazo y parto, algunos puntos flash sobre lactancia y crianza y nociones básicas sobre el dolor de las contracciones y el alumbramiento, dirigidas a contestar las preguntas que nos hacemos sobre este proceso y cómo se vivirá. Sin embargo, acá las preguntas no girarán, simplemente, en torno a la capacidad torácica que se pone en juego, o cuáles son los músculos pelvianos implicados.

Esas muy válidas preguntas vendrán después de un reconocimiento del propio cuerpo y re-conexión con la experiencia propia, para lo cual se sugiere complementar estos contenidos con una adecuada preparación física y desactivación de patrones o miedos a través de un acompañamiento psicoemocional e incluso recurrir a los servicios de una acompañante de maternidad o doula.

¿Qué buscar en una completa preparación al parto?

  1. Información. Además de la ya nombrada, que orienta sobre los aspectos físicos que se presentan, la información recibida debe estar ligada a la concientización sobre el poder de decisión que necesariamente debe tener la pareja, los derechos que la asisten y sobre todo, saber que se encara con el proceso más natural de la historia, que el parir y gestar no es un acto patológico que deba ser tratado como enfermedad. Esto lleva a la mejor conclusión de toda preparación prenatal, la elaboración del plan de parto, que expresa los deseos y convicciones de la familia acerca de cómo debe ser tratada durante el parto.
  2. Fortalecimiento de la comunicación en pareja. El/la acompañante (pues puede ser una pareja homoparental o una madre, hermana, amiga, si el padre está ausente) hace equipo con la mujer que pare, está en conciencia del proceso, apoya la parte financiera, logística y práctica y además es, como de hecho preferimos llamarlo, un regazo para la mujer que pone cuerpo, mente y emociones en el nacimiento. Que este compañero reconozca las respuestas fisiológicas, los elementos de confort, los masajes y respiraciones efectivos para su compañera, y sobre todo, que ponga su afecto, confianza y ternura, es el mayor bastión de seguridad que pueden tener una madre y su bebé en el momento del nacimiento.
  3. Ejercitación física. Acá el mensaje primordial debe ser: “Mi cuerpo es mi aliado” y practicar estas disciplinas con cierta constancia durante el embarazo, ya que no se trata de memorizar una serie de posturas y respiraciones, sino de incorporarlas a la memoria corporal, para lo cual es muy conveniente la meditación y la visualización. Las más recomendadas, preferiblemente luego de la semana 12, y siempre bajo permiso médico, son natación, caminatas, yoga y pilates. Los facilitadores, preferiblemente, deben tener una preparación o certificación en técnicas prenatales.

Ya sea que tengas embarazos e hijos previos, que el embarazo termine en una cesárea o parto; esta preparación siempre dejará herramientas psicoemocionales que prevendrán disfuncionalidades en la  crianza, evitarán la ansiedad de la desinformación y proporcionará el confort necesario para un parto en libertad y armonía.



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