Emergencia en nuestros mares

Con preocupación observé en días pasados un reportaje sobre la posible extinción de ostras y conchas marinas debido al crecimiento de los niveles de acidez de los mares.

El trabajo en cuestión realizado en un criadero ubicado en la Península Olímpica en el estado de Washington conocido como el paraíso de estas especies, explicaba como las ostras salen de su concha para expulsar cientos de miles de bebés que se ven en la superficie como unos microscópicos plankton. «El agua se ve muy oscura como si estuviera sucia», explicaba uno de los criadores «pero lo cierto es que allí están 20 millones de ostras bebés intentando crecer».

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Sin embargo un gran porcentaje de ellas no pueden formar sus conchas y han comenzado a morir debido a la llamada acidificación del mar. Este proceso que se da por el alto contenido de dióxido de carbono que se deposita en el océano, disuelve las conchas de los bebés evitando que se desarrollen y nutran durante una etapa en la cual aún se encuentran muy vulnerables.

¿Cuál es la causa de este cambio marino? Pues la producción de dióxido de carbono producido por los carros y las fábricas en todo el planeta. 30 por ciento del CO2 que se libera en la atmósfera es absorbido por los océanos. Las ostras son de las primeras víctimas.

Por los momentos los criaderos están siendo capaces de monitorear las granjas de estas especies, a fin de cerrar las entradas de agua cuando el nivel de acidez aumenta. Pero, ¿por cuánto tiempo podrán controlar esto?

Como vemos las posibilidades de atenuación son muy reducidas. Sin embargo se están realizando un serie de investigaciones para determinar si al añadir sustancias alcalinas al océano, se podría frenar la acidificación en zonas determinadas, así como la manera óptima de gestionar los ecosistemas marinos para hacer frente a estas amenazas.Inevitablemente, esta condición de nuestros mares irá empeorando, y lo más triste de esta situación es que, apartando la amenaza a la que está sometida en estos momentos la cadena alimenticia marina, el daño causado a los océanos por la emisión de dióxido de carbono en la atmosfera seguirá creciendo por los próximos 50 años, aun cuando la producción de estos gases sea eliminada inmediatamente.

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Esto por supuesto tiene que venir acompañado de una reducción drástica de las emisiones globales, y la única manera de conseguirlo es a través de un cambio a gran escala de combustible a fuentes de energía alternativas como la eólica o solar.

A esto yo le agregaría la intervención inmediata de los gobiernos en la creación de políticas realmente eficientes que abarquen los sectores ambientales, industriales y de conservación, para lograr objetivos concretos. Porque… ¡alguna esperanza tiene que haber!

 



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