¿Emocionalmente pobre?

Observamos países sin recursos muy ricos y países ricos en recursos muy pobres. Estamos claros en que la educación y la preparación son las claves para superar la pobreza y este mismo principio aplica para cada uno de nosotros, ya que muchos sufrimos de algo llamado «la pobreza emocional» o la «pobreza de la emocionalidad».

Los seres humanos contamos con la facilidad de lidiar con los sentimientos positivos y naturalmente saber cómo manejarlos… pero en el caso de las emociones negativas el tema se complica.

La pobreza emocional no es más que la dificultad de permitirnos experimentar la tristeza, la rabia, o cualquier emoción negativa, porque culturalmente nos han enseñado a no expresarlo o exteriorizarlo, porque se ve feo… o porque no es adecuado, como por ejemplo: ¿llorar o no llorar?, porque cuando lloras siempre alguien sale corriendo a decirte «pero no llores que no vale la pena» o «no sigas llorando por ese hombre, no se merece ni una lágrima más», cuando en el fondo lo que precisamente necesitamos es llorar, que nos escuchen y expresar esos sentimientos a través del llanto para poder sanarnos por dentro.

La pobreza emocional tiene también otra cara, que al no saber cómo enfrentarnos a estos sentimientos incómodos, nos despreocupamos, nos desconectamos de nosotros mismos y nos olvidamos de la importancia de educarnos en estos temas, como por ejemplo, ser emocionalmente más  inteligentes (inteligencia emocional), saber qué es un duelo y cómo vivirlo (un duelo que aplica para cualquier cosa en la vida, para un divorcio, una mudanza o un cambio de trabajo), y aprender nuevas herramientas para canalizar nuestros pensamientos y emociones difíciles y negativas.

La pobreza emocional también se manifiesta en nuestra tendencia a tratar de pasar rápido la página cuando algo nos duele, buscar soluciones microondas, es decir, rápidas pero poco efectivas porque a la larga el cuerpo te pasa factura.

Trabajar nuestra emocionalidad es vital, porque es una de las vías más idóneas para vivir una vida más sana, más estable, más próspera y feliz. Trabajarla nos acerca a la riqueza emocional, esa en donde todos queremos estar, porque nos damos el «permiso» de sentir rabia, frustración, o cualquier sentimiento negativo sin juzgarnos, reconociendo que aprender a sentir lo incómodo es una vía de sanar las heridas que lamentablemente, a través de la pobreza emocional hemos ido acumulando a lo largo de los años.

¿Cómo darme cuenta si actúo en ocasiones desde la pobreza de mi emocionalidad?

  • Cuando por ejemplo pasan los días y continúas molesta con tu pareja sin tratar de resolver el asunto lo antes posible.
  • Cuando sufres en silencio y no sabes qué hacer con tus emociones y cómo canalizarlas.
  • Cuando al sentir mucha rabia o ira, no sabes qué hacer con ella, lo mismo cuando sientes una gran frustración, desilusión, decepción o desengaño.
  • Cuando permites que la tristeza tome el mando de tu vida y te quedas allí por semanas. La tristeza hay que sentirla y llorarla, pero también hay que escuchar al cuerpo y saber cuándo es el momento de salir de allí porque de lo contrario te haces daño quedándote en un estado de depresión situacional por mucho tiempo.

En el artículo de la semana que viene, abordaré el tema sobre qué hacer y cómo trabajar la pobreza emocional. Este artículo tiene la intención de generar conciencia sobre este tema y recordar que todos podemos mejorar la manera en que nos enfrentamos a las situaciones más difíciles de la vida y cómo reaccionamos ante ellas.

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