¿Empatía o compasión de idiota?

empatía o compasión

En la vida hay que aprender a distinguir entre las emociones que son realmente positivas y las que aparentan serlo.

Cuando Roberto llegó a convertirse en gerente, luego de que su predecesor abandonara la compañía tras un problema de salud, su temperamento comenzó a cambiar. Se volvió irritable y hasta grosero cuando sus antiguos compañeros, ahora sus subordinados, le consultaban algo o incluso, cuando le ofrecían ayuda o tan solo lo invitaban a un café tras el almuerzo, como solían compartirlo por años. “Es que la nueva posición es muy compleja”, “ese puesto causa mucha presión”, solían decir sus compañeros, excusando a Roberto e incluso, asumiendo que dicha presión era la causante de la renuncia del jefe anterior.

Por meses los compañeros sufrieron en silencio, pensando que este cambio en Roberto sería temporal. Pero realmente la situación empeoraba cada día.

Utilizar la empatía para comprender el comportamiento de otras personas es una gran virtud. Y también una gran herramienta de desarrollo personal, pues la empatía no solo nos permite fortalecer las relaciones interpersonales, sino también aprender a autovalorarnos en la medida en que nuestro comportamiento empático es retribuido.

¿Pero por qué la empatía no parecía funcionar en el caso de Roberto? Porque realmente estábamos cayendo en lo que los budistas llaman “compasión de idiota”, que según la psicología no es más que un tipo de proyección. Este tipo de compasión mal entendida trata de justificar una mala conducta basándose en otra emoción, como el amor, la amistad o el compañerismo. Cuando realmente lo que sucede es que no reconocemos que estamos extralimitando nuestro grado de tolerancia al maltrato o la incompetencia.

En estos casos tenemos dos opciones: alejarnos del perpetrador del maltrato, sobre todo si estamos protegiendo nuestra integridad física y mental, como por ejemplo en los casos de abuso doméstico. Y la segunda opción es apelar a la racionalidad del agresor, como en el caso de Roberto, tratando que sea él quien de forma empática se identifique con los sentimientos de quienes está hiriendo, en este caso, sus empleados o subordinados.

Una conversación honesta y valiente sería lo ideal en este caso, entre uno de sus empleados y el nuevo jefe, donde se invite a Roberto a reflexionar sobre cómo se sentiría él de ser el receptor de su propia conducta. Existen muchísimos ejercicios sencillos para fortalecer la empatía, pero todos parten del reconocimiento de la situación y de las emociones de los involucrados. Para aprender algunos de estos ejercicios, vea mi video en YouTube El poder de la empatía: Cómo mejorar tus relaciones con otras personas por Jeanette Salvatierra.

La empatía es una maravillosa forma de conectarnos con otros seres humanos y con nosotros mismos, a través de las emociones. Evitemos caer en la trampa de una falsa compasión y usemos la empatía sabiamente.



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