En defensa de los alimentos orgánicos (I)

Ya que la semana pasada volví a tocar el tema de la alimentación orgánica con una historia verosímil y preocupante, quisiera quedarme ahí durante unos días más. Les propongo en esta ocasión una defensa de los alimentos orgánicos dividida en dos partes y, dentro de dos semanas, una defensa de los alimentos genéticamente modificados, que también tienen argumentos sólidos para ser tomados en cuenta.

organic_foodUno de los pilares de Slow Food es precisamente este y quiero tomar prestadas las diez ideas que el presidente de la organización, Carlo Petrini, tiene al respecto. Las publicó hace dos años en su recomendadísima columna del diario italiano L’Espresso y aunque algunos puntos ameritan más extensión, creo que es una buena aproximación. Van las primeras cinco.

  1. Contaminación. Tiene que ver con el granjero de la semana pasada y la escasa regulación que hay entre granjas y granjas. Es muy común que una semilla genéticamente modificada (GM) caiga en un cultivo orgánico y desnaturalice la producción. Por definición, los OGM son invasivos ya que suelen ser más resistentes que los organismos naturales.
  2. Soberanía alimentaria. Si no hay regulación que proteja a las granjas orgánicas frente a las que no lo son, significa que no podemos estar 100% seguros del origen de lo que comemos. Por lo tanto, la contaminación deviene en no poder elegir con certeza lo que queremos comprar.
  3. Salud. Muchos de los animales alimentados intensivamente con OGM desarrollan problemas de salud por la nutrición desbalanceada. Epidemias como la de las vacas locas están estrechamente relacionadas con este punto.
  4. Libertad. Hasta hace 20 años estaba muy claro que cada granjero seleccionaba y cultivaba las semillas que podían dar mejores resultados, tanto en margen de ganancia como en sabor. Los OGM están controlados por pocas multinacionales que no ofrecen mayor variedad nutricional, solo un efectivo aprovechamiento del suelo. Se reduce el rango de elección y el dinero va a una misma compañía.
  5. Economía y cultura. Este punto es irrebatible: mientras los productos tradicionales tienen raíces en la cultura de la región que los produce, los OGM son una suerte de genéricos sin historia; semillas sin ningún tipo de relación con las particularidades de ese microclima o ecosistema. No solo eso: países como España, Italia, Francia, México y Perú, por mencionar casos emblemáticos, atraen un turismo interesado precisamente en los productos históricos de cada pueblo, es decir, generan dinero. Los OGM nivelan todo del mismo modo en que Michael Rolland va por el mundo estandarizando el sabor de todos los vinos que toca. Cada viñedo puede decidir qué modelo utilizar, pero no entiendo por qué, si tienes un suelo y una cepa con carácter en Mendoza, Argentina, desearías parecerte a un vino de Victoria, Australia. 


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