En defensa de los alimentos orgánicos (II)

En línea con la columna de la semana pasada, van aquí cinco ideas más para ir al supermercado y leer las etiquetas con cuidado en busca de productos orgánicos. Son un aporte del presidente de Slow Food, Carlo Petrini, en su columna del diario italiano L’Espresso. El próximo martes publicaré una defensa necesaria de los productos genéticamente modificados, para no tener una visión maniquea de esta historia.

  1. Biodiversidad. Las empresas que han monopolizado los grandes sembradíos del mundo rentabilizan su inversión si se enfocan en los monocultivos. ¿Para qué sembrar distintos tipos de maíz si es más sencillo desarrollar una sola variedad intensiva y resistente, con la cantidad justa de nutrientes para alimentar ganado y personas en todo el mundo? Mientras más tierra se le da a ese monopolio, menos variedad tenemos en nuestros países. ¿Sabías que granos como el maíz y la soja se transan en la bolsa como si no hubiera variedades de cada uno? ¿Qué tan rentable es cosechar el exquisito y escaso maíz azul mexicano si en el comercio internacional valdrá lo mismo que uno de cultivo intensivo y estándar? El comercio justo de los orgánicos garantiza la biodiversidad.
  2. zanahoria_cultivadaCompatibilidad ecológica. Dos de los argumentos a favor de los genéticamente modificados es que son resistentes a parásitos y reducen el uso de químicos dañinos en el proceso. Esos químicos, en efecto, pueden ser más amigables con el alimento cosechado, pero a largo plazo son perjudiciales para el entorno. Una granja orgánica debe aprovechar el suelo para sembrar distintos tipos de alimentos y esa rotación termina siendo más positiva para el medio ambiente que usar el mismo químico para el mismo cultivo durante toda la vida útil de ese espacio.
  3. Precaución. El maíz y la soja son el pilar de la economía de los genéticamente modificados porque son los mejores cultivos para esa tecnología, pero todo se complica con las hierbas, que aún no se llevan muy bien con el tema genético. El campo para los alimentos y sembradíos orgánicos es aún muy amplio y cuando países como Estados Unidos aprueban el desarrollo y posible patente de pasto genéticamente modificado, nuestra salud se pone en peligro por falta de precaución gubernamental. Quitarle ese espacio a los orgánicos sin la investigación necesaria es irresponsable.
  4. Progreso. La sociedad contemporánea quiere ver toda invención como un avance, pero cambiar al anticuado modo orgánico de hacer las cosas no necesariamente significa que estemos mejorando. La próxima semana explicaré mejor este punto, pero hacemos mal en creer que una agricultura intensiva es mejor para el medio ambiente que una más localizada.
  5. Hambre. Este punto puede llevarse un ensayo completo, pues es donde los genéticamente modificados se muestran más fuertes. ¿Se puede alimentar un mundo en crecimiento a base de pequeñas granjas y productos locales? La respuesta es compleja, pero los orgánicos tienen su papel. Ahí está Mil huertos en África.


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