En el mar, la vida es más sabrosa

En el mar, la vida es más sabrosa

Tal como nuestro título, en la sabiduría popular existe un dicho que reza que “en el mar, la vida es más sabrosa”. Escuchar el mar, sumergirse en el agua salada, dejarse acariciar por el sol y enterrar nuestros pies en la arena son esas pequeñas cosas que nos hacen felices a (casi) todos.

Después de 10 años de investigación, Wallace J. Nichols, un biólogo marino, concluyó que estar en el agua, o cerca de ella, produce que nuestro cerebro libere sustancias de “la felicidad” como la dopamina, la serotonina y la oxitocina. Estamos seguros que un viaje a la playa nos llena de energía, de buena vibra y mucha vitalidad; y para ello, Nichols nos explica al menos 5 razones científicas para que de vez en cuando agarremos nuestros bolsos y visitemos la costa.

Estamos conectados desde el inicio de nuestra vida con el agua: es el elemento predominante durante la gestación, y en nuestro cuerpo. «Nuestros antepasados ​​salieron del agua y evolucionaron del nado al gatear y de allí a caminar. Aún los fetos tienen estructuras parecidas a agallas en sus primeras etapas de desarrollo «, y el agua en nuestras células es comparable a la encontrada en el mar”, por lo que estar en contacto con agua de mar nos conecta con nuestros antepasados biológicos más primitivos, es una forma de “volver a casa” y hacernos sentir seguros y en un estado de bienestar.

Otra verdad es que observar el paisaje marino nos calma. De hecho, hay estudios en los que se demuestra que las áreas del cerebro asociadas con disminuir el estrés y aumentar la empatía se activan ante escenas de la naturaleza, especialmente las costeras. Es una manera de potenciar nuestra perspectiva positiva de la vida, la estabilidad emocional y evocar recuerdos felices.

Así que si estás en medio de unos días ajetreados, este suena ser el mejor plan. Ver imágenes de la naturaleza te ayudará, pero sin dudas todo es mejor “en la vida real”, cuando puedes tocar, oler, probar y activar todos tus sentidos. Nichols hace referencia a un estudio de 2011 en la que una aplicación de teléfono inteligente llamado Mappiness rastreó los niveles de bienestar de cerca de 22.000 participantes. Los participantes recibieron instrucciones aleatorias para reportar lo felices que eran en ese momento. De acuerdo con los más de 1,1 millones las respuestas que enviaron, las personas no solo eran más felices cuando estaban fuera, un 5,2 por ciento era aún más feliz cuando cerca del agua.

Por otro lado, el científico asegura que con tantas tareas y responsabilidades que cumplir, pantallas, celulares, redes sociales, nuestra mente necesita un descanso para recargarse y rejuvenecerse y el mar es uno de los lugares idóneos para ello. En otro estudio citado en su libro se demuestra cómo estudiantes con habitaciones con vistas hacia escenarios naturales tuvieron un mejor desempeño en sus pruebas cognitivas y un mayor nivel de atención que aquellos cuyas ventanas solo muestras cemento y asfalto.

Por último, el azul es un color maravilloso. Se dice que el favorito de la humanidad de acuerdo a varias investigaciones. Si tomamos en cuenta que vivimos en un planeta en el que predomina este color, entre el cielo y los océanos, entendemos que el azul es un color que activa sensaciones positivas y, nuevamente, nos hace sentir en casa. El neurocirujano Amir Vokshoor, citado por Nichols, explica que «el mecanismo de activación estimulada por las longitudes de onda del azul se correlaciona con la liberación de neurotransmisores que se cree están asociados con sentimientos de euforia, alegría, recompensa, y el bienestar en relación con los efectos de la dopamina”.

¿Tienes alguna otra razón para darte una escapada al mar el fin de semana? Compártela con nosotros.



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