En el ojo del huracán

Yo nunca he estado en el ojo de un huracán. Por lo menos no en uno de verdad. He sorteado varios «huracanes» en mi vida, como todos, pero nunca me he topado con uno real de los que se llevan todo por delante. A lo más una ventolera, pero nada más fuerte que eso.

Lo del ojo del huracán viene a cuento porque me encanta usar analogías para hablar de las cosas cotidianas y «casualmente» lo leí entre tantas cosas que llegan a través de las redes sociales. Me llegó justo cuando recibía noticias no muy buenas de carácter familiar, y cuando mi querido país pasa por momentos difíciles. Decía el texto que ese espacio en el centro de este fenómeno meteorológico es una zona de calma a pesar de estar rodeado de una «pared» formada por nubes densas y los vientos más intensos.

Todos pasamos por circunstancias difíciles en algún momento de nuestras vidas. Circunstancias que pueden ser personales, familiares, económicas, sociales, en fin. Ellas son los huracanes que en uno u otro momento azotan nuestras vidas, algunas de lleno, otras de coletazo.

Creo que lo importante cuando aparece uno de estos huracanes es que podamos ubicarnos en el ojo del mismo. En ese lugar donde a pesar de que las condiciones a nuestro alrededor sean brutales y pareciera que arrasaran con todo, podamos estar en calma con la seguridad de que los vientos se calmarán y todo podrá volver a su lugar o ser reconstruido.

¿Que no es fácil? Claro que no. Estamos demasiado inmersos en una cultura que exalta el sufrimiento y el sacrificio. Nos revolcamos en los problemas, nos vestimos con ellos, los lucimos ante los demás y como premio recibimos palmaditas en la espalda y miradas condescendientes. Yo creo que merecemos algo mejor: sacudirnos esa programación y asumir que la vida es para regodearse en su belleza, aun si nos toca atravesar por situaciones que no consideremos especialmente bellas.

Ubicarse en el ojo del huracán es lograr la ecuanimidad. Como dice Ramiro Calle: «La ecuanimidad… es el ánimo que no se herrumbra ni resquebraja, es la capacidad de mantenerse firme en uno mismo a pesar de las vicisitudes y las inevitables alternancias. La ecuanimidad es ánimo estable, imparcialidad, mente firme, humor sereno, mentalidad imperturbada; pero no es nunca desinterés, ni falta de intensidad, ni abulia, ni indiferencia, todo lo contrario».

No significa que nos quedemos sentados indiferentes ante los problemas, porque así como el huracán se mueve, el ojo también y si no avanzamos los vientos nos alcanzarán y nos llevarán por delante. Lograr situarse en el ojo del huracán es poder avanzar con la confianza de que todo pasa, todo se soluciona, toda noche termina al salir el sol. Es pensar con cabeza fresca para decidir el mejor camino a tomar.

Si prestamos atención nos daremos cuenta de que los expertos en desastres recomiendan conservar la calma porque es desde ella que podremos pensar con claridad y salir de la situación con bien. Ante un terremoto, un incendio, una inundación, gritar y correr sin ton ni son no nos ayudará a salir airosos, lo más seguro es que empeore las cosas.

Cuando pensemos que todo está tan mal que no seremos capaces de superarlo, cuando creamos que las circunstancias son más fuertes que nosotros, tomemos unos minutos para respirar profundo y ubicarnos en el ojo del huracán. Intentémoslo. Sí se puede.



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