En estos días decembrinos ¡despertemos!

“Sueño con un mundo donde podamos dar y recibir naturalmente, y sin medir. Me gustaría vivir en mi imaginación porque allí estoy conectada con la fuente y siempre salen las cosas como quiero. Así que ahora trasladaré mi imaginación hasta aquí. Sin duda, es el mejor regalo del niño Dios”.

¿Te ha pasado últimamente que, un día al levantarte por la mañana, te sientes confundido y perdido? ¿Qué quieres seguir durmiendo? ¿Qué esperas que todo se solucione antes de despertar?

A mí sí, y quizá todos hemos pasado por esos momentos que nos sorprenden para despojarnos de nuestras certezas y que nos cuestionemos lo que pensamos de la vida o de nosotros mismos.

Despertar no es un acto de magia. Es oler, ver, tocar, escuchar cada acto que realizo… desde comer hasta bañarme. Desde hablar, hasta amar. Es lo que llaman “mindfulness” (atención plena) que llena de magia la vida.

Despertar no tiene nada que ver con el mundo externo, aunque todo lo que ahora me rodea parece tener un nuevo brillo.

Despertar no borra el pasado, pero al mirar atrás veo la historia de alguien muy querido que aprendió muchas cosas, y que ahora siento que ya no soy. Y aunque este despertar no necesariamente “despierta” a mis seres queridos, yo los veo más bellos e inocentes.

Despertar no sana todas mis heridas, pero ellas dejan de gobernarme.

Despertar no me hace más popular, es más, a veces siento que ahora no soy tan complaciente, pero ya no me siento sola. Me siento acompañada de mí misma cuando estoy “sola”. Me hace perfecta ante mi propia mirada.

Despertar no me da más poder, pero puedo descubrir el poder que ya tengo… Despertar me da la libertad de ser yo misma aunque no disuelva mis límites…

Despertar no cambiará el mundo, pero me cambiará a mí. Y me hace consciente de las consecuencias de mis actos y decisiones pues no me quita responsabilidades.

Con el despertar no siento la necesidad de tener la razón.

Despertar es amarme a mi misma, con mis límites y experiencias, es amar al otro como parte de mi ser y es amar a la existencia misma.

Si veo como duermen los demás a mi alrededor, entonces camino calladita, respeto el sueño de cada quien y descubro la perfección del tiempo.

He vivido cosas que me han decepcionado, he amado, he llorado de nostalgia escuchando música y viendo fotos viejas. He sentido dolor, he enfermado y he pensado que iba a morir… hasta que desperté.

Ahora abrazo la vida, vivo con pasión mis sueños, bailo y despierto.

Si todavía me duermo, entonces me relajo y disfruto mi sueño, sabiendo que estoy siendo mecida, protegida y guiada.

Te invito a DESPERTAR, sentir y disfrutar de la experiencia de ser ese SER maravilloso que ya eres.

Somos mucho más que cuerpo, mucho más que las circunstancias de pobreza, enfermedad e inseguridad que enfrentamos a diario.

Despertemos ahorita y vivamos plenamente cada instante, porque la vida es un acto sagrado y somos creación DIVINA sin límites.

Estos días de Navidad y fin de año, vamos a darnos el regalo de despertar y ver los cambios que queremos manifestados afuera.



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