En un mundo tan fragmentado, ¿es posible la integridad?

Imaginemos que vivimos en la época de Buda, o de Lao Tzu, hace miles de años atrás. Por aquellos tiempos, en los que el mundo parió a una generación de místicos y santos que han cambiado el curso de la humanidad, la dualidad tenía otras connotaciones. Todos estos místicos hablan del Todo, de la Unión, de la Totalidad. De la integridad como la gran fusión, como el éxtasis y la iluminación. Nos dicen que trascender el mundo de la dualidad es abrir nuevas dimensiones que nos transportan hacia la eternidad.

La enseñanza de estos es la siguiente: “La vía para la iluminación, es la meditación”. Claro que en aquellas épocas la Vida debió ser muy diferente a la actual. Sin bombardeos sociales, sin televisión, sin estrés, sin tecnología, sin tanta creencia. Sin tanta imagen. En un tiempo donde los condicionamientos eran pocos, donde la mente tenía muchas menos distracciones, meditar resultaría algo más sencillo. Te sentabas calladamente debajo de un árbol en medio del campo. Sólo los pájaros, el viento y el sol como testigos. Cerrabas los ojos y listo. Ya estabas meditando. Pero, ¿qué hacemos ahora? ¡Estamos atiborrados de “cosas” y hostigados por miles de pensamientos!

La Unidad, la comunión con la Totalidad y la fusión, no resultan tan simple. Menos aún si pretendemos utilizar los métodos puros de meditación, tal como los utilizó Buda. ¿Cómo podríamos, si no logramos primero despojarnos de toda esa carga adicional que traemos hoy? En este punto radica el fracaso de tantas técnicas de meditación. Si no se puede despejar un poco el camino, se hace muy difícil llegar al estado de no-mente. Porque eso es la meditación. Un estado donde la mente se acalla y el Ser emerge. ¡Pero el Ser está tapado por mil cosas! Está debajo de una pesada carga que le impide mostrarse.

Antaño había menos distracciones. El hombre era más simple. Habría excepciones, claro está. Pero hoy día las excepciones son lo contrario. Hay pocos con mentes simples y la mayoría con mentes cargadas y desbordadas. En el mundo de hoy las cosas son diferentes. El hombre es diferente. En esencia no. En esencia es idéntico, pero esa esencia está sepultada debajo de los “escombros de las apariencias”. Debajo de infinidad de “problemas y complicaciones”. Para que la mente ceda ante el silencio, hay que “desacelerarla”. Hay que “descargarla”. Y no es solo la mente la que está recargada. También lo está el cuerpo. El cuerpo está lleno de tensiones. Saturado de cargas emocionales irresueltas que se alojan en él.

La unión es posible. El éxtasis es posible. Pero el método no es tan simple. No es simple porque el hombre se ha complejizado. Entonces el método debe modificarse. Hoy hay que ir desde afuera hacia adentro. Hay que eliminar tensiones del cuerpo con movimientos, con “sacudidas”. Luego hay que trabajar con la mente para “trascenderla”. Hoy la meditación, el vehículo hacia la unión y la integración, debe contemplar la eliminación de tensiones corporales, emocionales y mentales. Hay que trabajar en ese sentido. Movimientos. Danzas. Sonidos desprogramantes. Para, finalmente, llegar al silencio. A las puertas de la eternidad.

La comunión es posible, aún en el agitado mundo de hoy. ¿Te animas primero a despojarte de todo lo que sobra?



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