En un rincón de Francia

Su mirada llena el espacio con una ingenuidad única, y cuando sonríe es inevitable que todo el que la rodee se contagie. Su sensibilidad y capacidad de socializar parecen de alguien cándido que jamás ha vivido algo que le haga pensar con malicia. Pero cuando, con esa real ingenuidad que transmiten sus pupilas, cuenta su historia, solo cabe el asombro.

Hace dieciocho años salió de una isla del Caribe bien casada, como quien dice, porque según la idiosincrasia latina, que por las venas de tu esposo corra sangre francesa y te lleve a vivir en algún lugar más cerca de París que de cualquier otro, parece ser un pasaporte a la felicidad eterna.

“Me pegaba, maltrataba a las niñas y, luego que sobreviví a un cáncer de seno decidí que debía separarme. Él es bueno, pero cuando se pone violento no mide las consecuencias”. Lo dice sin un ápice de rencor.

Comenzó trabajando unas horas cada día limpiando un museo de la ciudad donde vive, pero con eso no podía mantener a sus hijas, así que sin ninguna formación académica, aplicó a un puesto en el mismo museo, y así sería su espíritu de superación que se lo dieron. Comenzó a ganar suficiente para vivir sola y hace seis años que lo dejó. Estudió  y habla con tal propiedad de arte que parece graduada de una excelente universidad. Hoy en día da charlas a grupos que asisten al museo donde le acaban de aumentar el sueldo, gracias a su desempeño.

Su mujerabilidad no solo la llevó a crecer como ser humano, sino a tomar decisiones sanas basadas en el Amor, porque se dio cuenta de que si se mantenía con él, sus hijas iban a repetir el mismo patrón y jamás ninguna de las tres serían felices.

Hoy vive tranquila, compartiendo su felicidad con conocidos y extraños que se convierten en amigos en dos minutos, como le pasó con nosotros, que al escucharnos hablar castellano, comenzó a compartir y nos contó su heroica historia, sin la conciencia de lo grande que es.

Porque quedarse sola en un país extraño, sin estudios, luego de un cáncer, con dos hijas pequeñas, y salir adelante con armonía y logros, solo es posible si tienes una fe inquebrantable basada el Amor concreto que te hace transformar la infelicidad en experiencia de vida y así ser testimonio de que no importan las circunstancias, lo realmente trascendente es nuestra actitud ante ellas.



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