Encontré la leche

encontre la lecheEsta mañana abrí mis ojos al mundo una vez más. Me di cuenta de que ninguna de las caídas que he tenido a lo largo de mi vida pudo arrebatarme este momento. El cielo es tan azul y tan verdes las hojas del árbol a través del cual hoy veo el cielo. El viento acaricia mi rostro con dulzura y suavidad. Las aguas del mar, otras veces turbulentas y revueltas, hoy reposan ante mis ojos, serenas, armónicas, apacibles. El bebito de la vecina demanda atención y cuidados. Su llanto me recuerda las veces que mi alma me ha pedido que me rinda al amor, a la belleza, a la bondad, al perdón. Sobreviví. Sobreviví a las ideas que me hice sobre mi pasado, a todas y cada una de las creencias que pretendieron convencerme de que yo no merecía vivir ni ser feliz, a todas las proyecciones futuras que entretuve en mi mente, por derrotistas o grandilocuentes que fuesen. En fin, sobreviví. Y más allá de mis delirios de grandeza o de mi complejo de inferioridad me encontré a mi misma. Resulté ser un corazón con un cuerpo, con brazos y piernas, con una mente –que ve, escucha y habla. Un cuerpo finito, vulnerable y frágil con un alma inmortal que le da sentido a todo mi hacer y a mi no hacer nada. Sobreviví y hoy aprendo a vivir. ¡Vivir! Mi único propósito estos días es regocijarme en cada aquí y cada ahora que me agarre prevenida. No estaba donde pensaba pero encontré la leche. ¡Y me regalaron la miel!



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