Enola gay

 

La vida es muy peligrosa,

no por las personas que hacen mal,

sino por las que se sientan a ver lo que pasa.

Albert Einstein

El pequeño Hiro se levanta la mañana del 6 de agosto de 1945, a pesar de tener apenas 5 años acostumbra a pararse siempre bien temprano para poder ir a su escuela sin mayores dificultades, su madre lo espera en la cocina de su casa con el desayuno listo para que pueda irse a estudiar tranquilamente, ya pasadas las 7, nuestro amigo parte camino a su escuela, no sin antes darle un abrazo y un beso a su madre que le recuerdan lo mucho que la ama, como hace todos los días, en el camino se encuentra a varios compañeros de clase, por allá ve a Seijo que al rato se le une y más adelante ve a su otro amigo Takumi. El día de hoy es especial para ellos tres, ya que los visitaran en su escuela un enviado directo del emperador Hirohito que les hablará de las maravillas del imperio del sol naciente, vaya que sí será un día especial, tanto que lo recordarán el resto de sus vidas y el resto de la humanidad también lo hará.

El mundo para este año estaba cerrando uno de los capítulos más atroces de su historia, la segunda guerra mundial, ya en Europa, devastada, arrasada y reducida a lo más mínimo por el conflicto, la Alemania de Hitler se había rendido ante el ejército rojo de Stalin para que se detuvieran los bombardeos hacia Berlín, que en su estela dejaron un paisaje totalmente dantesco. Las tropas aliadas ya habían exigido la rendición de Japón para frenar las pérdidas que se iban acumulando en el este asiático, que ascendían ya a más de un millón y medio de bajas de lado y lado, el ejército japonés, habiéndole jurado lealtad con sus vidas al emperador Hirohito, ven la rendición como una deshonra total a sus familias por haberle fallado a su líder, así que deciden continuar a la ofensiva hasta el último hombre en pie. Ya en Estados Unidos la paciencia empieza a agotarse ante la negativa de Japón de aceptar su derrota y se decide poner en marcha lo que se conoce como proyecto Manhattan, que consistía en el desarrollo de un arma de destrucción masiva con energía atómica.

Ya con la negativa de Japón ante la ruinosa idea de una rendición, se alzó en vuelo el Enola Gay que llevaba en su interior la bomba más poderosa de la historia, con una capacidad de liberar una energía equiparable a la del mismo sol y al que le pusieron el nombre más inesperado para un dispositivo con tal característica “Little boy”, chico pequeño en inglés, irónico nombre, ya que lo único pequeño que tendría será el nombre.

Están todos reunidos en el salón de Hiro, donde con ansias esperan al enviado de su alteza imperial, ansioso, Hiro observa el cielo despejado que embellece aquella mañana, cuando divisa algo a lo alto del cielo, algo que se asemeja a un ave plateada que deja una estela a su paso, cuando ve que deja caer algo desde su interior, algo que a simple vista era un punto en la lejanía cayendo a tierra que pasados 10 segundos empieza a resplandecer con una luz más brillante que la del mismo sol, liberando un sonido ensordecedor, tal es el brillo de aquella bola de fuego que Hiro se cubre los ojos con sus manos pudiendo ver sus huesos como si fuese una radiografía, lo último que recuerda nuestro amigo de ese instante fue un gran empujón que nunca olvidará.

Al momento de entrar nuevamente en conciencia no puede ver absolutamente nada, ni puede mover ninguna parte de su cuerpo, a pesar de ser una mente tan joven, fue inevitable que un sinnúmero de preguntas pasaran por su mente, preguntas como: ¿Qué ha sucedido?, ¿Dónde están mis amigos?, ¿mamá estará bien?, ¿Qué es lo que ha pasado? Pasados varios minutos empieza a escuchar un débil sonido de lo que parecen ser voces, seguido de esto siente movimiento encima de él, cuando de repente quitan los escombros que estaban encima de su cuerpo, el primer rostro que ve es el de su profesor, apenas puede entender lo que este le dice, lo ponen en una camilla y mientras lo van llevando a un puesto de socorro puede ver el devastado paisaje que hay a su alrededor, casas llevadas a escombros, personas cubiertas por ceniza, gente retorciéndose en el suelo del dolor, casi puede recordar el olor a carne quemada que reinaba en el aire.

Al llegar al hospital ocurrió el milagro de poder ver a su madre con vida, al momento en que ella lo abrazó Hiro se sintió en el lugar más seguro del mundo, no recuerda haberse sentido de semejante forma en algún momento de su vida. Ahora se enteraban por radio de que había pasado, los Estados Unidos realizaron el ataque con el propósito de forzar a Japón a rendirse para dar fin al conflicto de una vez por todas, tres días después, la ciudad de Nagasaki corrió la misma suerte, como consecuencia, el imperio del sol naciente y su líder se rindieron.

Han pasado 71 años de esa mañana especial que Hiro y el resto del mundo nunca olvidarán, esa mañana del 6 de agosto de 1945 donde a las 8.15 de la mañana la humanidad vio el poder destructivo de la bomba atómica, que según el presidente de Estados Unidos para ese entonces Harry Truman era, “la explicación del poder básico del universo. La fuerza de la cual el Sol adquiere su poder ha sido lanzada en contra de quienes llevaron la guerra al Lejano Oriente”. El debate sigue abierto después de siete décadas para quienes opinan si fue lo correcto o si hubiese habido otra alternativa. Después de tanto tiempo nuestro amigo ya no lleva rencor en su corazón, si es que alguna vez lo tuvo, realmente ahora tenía mejores cosas en que pensar mientras paseaba con su nieta y su esposa por el parque conmemorativo de la paz en la ciudad donde nació y que hoy en día es un ejemplo para la humanidad, erigida desde las cenizas.

 



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