Entendiendo la prosperidad

Para ser prósperos sería hermoso hacer una elección, elegir ser aprendices de nuestro funcionamiento y en que ámbitos nos movemos regularmente. Es muy común escuchar frases como: “No puedo”, “Yo no lo aprendí”, “Eso es para otros” y “Los ricos y prósperos están completos”. Pues bien, el primer paso es aprender a ser compasivos con nosotros mismos y dejar a un lado todo descalificativo, que no solo va en contra de nuestra evolución, sino que vibra en una frecuencia tan baja que terminamos por ser invisibles al mundo. Para desarrollar el camino a ser prósperos debemos entender en nuestras fibras que si estamos buscando dejar legado, es bueno conocer nuestro potencial humano y a qué leyes obedece nuestra vida. Si sé de dónde vengo sé hacia donde voy. No importa la edad, importa el deseo profundo de estar pleno y de dejar algo en este mundo a tu paso. Adelante nos espera el camino personal para articular con las herramientas adecuadas el gran propósito de la vida, evolucionar  la consciencia de la tierra a través de nosotros como instrumentos del universo.

Si pensamos que tenemos una historia que dio como resultado mi propia vida, que cada miembro de familia ocupa un lugar donde no pueden haber espacios vacíos y que cada uno de los integrantes de mi sistema de familia, al igual que yo, también tuvo anhelos, risas, cosas no resueltas y quiso ser algo más que aquello que se le impuso en su momento, comprenderemos qué lugar ocupamos en el sistema y a quien podríamos, por amor, estar repitiendo u honrando. Para entender mejor este nivel cabe preguntarnos ¿Cuántas veces pienso en mi familia entera como un medio de aprendizaje y reconocimiento? ¿Cuantas pistas nos dan y nosotros seguimos de largo sin mirar? ¿Qué pude heredar de mi mamá o mi papá que no es material? ¿Qué fue lo que escuché y grabé como información en cuanto al dinero y la prosperidad? ¿Es la pobreza una conducta aprendida? Estas son las primeras reflexiones para recopilar la información que nos dará un mapa claro de nuestra situación actual.

Al reconocer este nivel inicial y determinante, estamos en posición de evaluar el otro nivel: ¿Qué estoy pensando a diario? ¿Dónde estoy centrando mis pensamientos? ¿Son constructivos y avanzados mis pensamientos? ¿Cada día me planteo aquello indispensable para cumplir mi propósito? Más importante aún, ¿Sé que es un propósito de vida? ¿Son mis actos y pensamientos personalistas o me trascienden? ¿Cómo me comporto con mis semejantes? Evaluar con detenimiento y honestidad mis pensamientos y sentimientos me revelan más información.

De tal manera que estos tres elementos: familia, propósito o misión y sentimientos, son la pieza angular de lo que yo llamo el Principio Fundamental de la Prosperidad. Como es adentro (Intención) es afuera (Acción) y como es arriba (Pensamientos) es abajo (Corazón).



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