Entre alas, ruedas y café

Hace un par de días estuve conversando con algunos conocidos. Como de costumbre las ideas quedan dando vueltas en tu cabeza, siempre sueles dar un repaso aunque sea rápido de todo rato que se comparte con alguien, así como una especie de búsqueda de lo nutritivo de la conversa para asimilarlo mejor. Durante esa reflexión, me di cuenta entre otras cosas, que viajar tiene siempre tres aspectos comunes: alas, pues a todos lados se puede llegar en avión; ruedas, ya que así nos movemos entre distancias más cortas; e increíblemente el café, es muy particular, pero en todas partes hay café.

Muchos dirán: ¿ y la comida ? Sí, es cierto en todas partes se come, pero la preparación varía en cientos de millones de recetas distintas e ingredientes, en cambio el café es un producto único (por supuesto con «n» variedades) y su preparación rara vez va más allá de los clásicos: un espresso, un capuchino, tinto, guayoyo, etc…  de allí lo impresionante.

Cafe03Viajar me ha permitido entre otras cosas poder contrastar puntos de vista, sabores, olores y el café se ha convertido en una constante, pareciese ser hermano del vodka, pues lo hay en todos lados y prácticamente se puede mezclar con todo, lo he tomado con leche, solo, con azúcar, con edulcorante, con coñac, con ron, con licor (cualquiera que pique), con crema, en fin con cientos de texturas y sabores diferentes…

Y es que el café es más que una simple bebida, es un elixir casi religioso, mágico, medicinal;  no hay sobremesa en el mundo que no incluya al café como opción, pero más aun, no hay un lugar en el mundo donde la gente no tome café.

Por cosas de la vida, conocí a Pietro Carbone, un erudito en materia de este elixir, de sus iniciativas aprendí a conocer de café, digo a conocer por aquello de que ahora el café para mí va un poco más allá  del rico olor que inunda las mañanas a lo largo de nuestra geografía, aprendí del tostado, aprendí de sabores, aprendí de trazas, hasta aprendí algo de técnica para prepararlo de diferentes formas, me considero un «bebé» en temas de café, pero tengo las herramientas básicas para por lo menos distinguir uno «bueno» de uno «malo» -y remarco las comillas, porque el mejor café a mi criterio es el que a uno le gusta- y poco a poco he ido entendiendo de que se trata este culto, esta religión, esta convención social. Aprender te genera sentimientos encontrados, jamás un «café de panadería» volverá a cubrir tus expectativas, en casa tendrás nuevos juguetes y hasta a veces serás tan exigente contigo mismo, que en ocasiones, tendrás que hacerte el café varias veces por la mañana, sobre todo en esos días en que nada te sale bien, pero al lograrlo obtienes tu primera meta del día y pareciese que ya todo mejorando.

Cafe05Comencé a tomar café alrededor de los 3 años -al menos eso recuerdo, es posible que antes- de pequeño era mi abuela «Tere» quien me cuidaba -quien mejor para alcahuetearte que un abuelo-, y a escondidas solía despacharme pequeñas tazas de café que eran mucho mas que unos cuantos sorbos, era mi taza, poco a poco aquel sabor rudo, sin mayor preparación que el dejarse colar por una greca con tiempos variables, diferentes aguas, diferentes marcas, en fin sin estándar alguno fue marcando mi memoria gustativa; mi gusto por el café se desarrolló desde allí, aquella costumbre de un café cuando visitas a alguien se hizo mía cada vez que le servían a mis viejos y de allí recuerdo el mejor café negro que he tomado en mi vida, el de la Sra. Carmen Tua, quien hace unas cuantas lunas solía preparar un café muy claro, muy dulce, que sencillamente sabía a gloria. Así transcurrieron los años, así crecí, Venezuela me brindo muchos buenos cafés, comencé a viajar y pude intentar tomarlo en otras latitudes, caros, baratos, fuertes, fofos, buenos, malos, pero café en fin.

La cultura del café es tal que existen marcas y franquicias en todos lados, hoy en día en los aviones sirven hasta vasos que en el fondo disponen de una tableta instantánea cual Alka-Seltzer, que con solo algo de agua caliente producen un café, que aunque horrible, cae bien luego que tienes unas 20 horas de aeropuerto en aeropuerto sin más que un par de wraps fríos y a medio preparar en el estómago.

Lo bonito de esto y a lo que voy, es que en el café cuentan con un elemento común a la hora de desplazarse, siempre van a poder compartir un café con alguien en cualquier lugar del mundo a donde vayan, sea bueno o no, muy probablemente ayude a que la conversa fluya y pasen un rato súper agradable, en lo personal, parte importante de viajar, es probar nuevos sabores y conocer gente y para ambas el café funciona perfectamente.

Cafe04Dense la oportunidad, tomen algo mas allá del Nescafé, un Juan Valdéz o un Starbucks, el café es mucho más, el café es la cultura de su origen, la experiencia de quien lo produce, la riqueza del suelo donde fue sembrado, en cada taza se están tomando al país que lo hizo llegar desde su suelo hasta tu taza, citando a mi amigo Pietro, «el café  es pasón y vida».

– Para quienes quieran conocer acerca del proyecto de Pietro Carbone www.carbonespresso.com

Otro punto importante, en lo sucesivo, cada vez que viajen, recuerden traer café y de ser posible invítenme una taza…



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