Entre la perdición y la soledad

-¿Estarías dispuesta a dejar a tu novio para lograr tu sueño de ser actriz?-

El sí fue rotundo. No lo pensó.

Él la critica, la juzga, le dice que está dejando su carrera segura por algo que la llevará por el camino de la perdición.

-¿Y por qué no lo dejas de una vez?-

No respondió, incluso parecía que no me había escuchado.

Ella reaccionó con decisión, pero no actúa ante la obvia ausencia de amor concreto. Estoy segura de que muchas hemos experimentado esa sensación de seguridad que nos da la pareja, aunque no sea LA pareja.

Estamos tan condicionadas a esta necesidad que, aunque en nuestro fuero más interno sepamos que no es el indicado, pareciera que es mejor tenerlo al lado.

En mi experiencia, no es mejor.

Yo tuve parejas que no comprendieron mis deseos, mis sueños, mis ideales, pero igual me quedaba con ellos y siempre terminaba descubriendo que alguien que necesitara controlarme no podía ser un compañero de vida sano.

Vivimos aferradas a la idea de compañía por pánico a la soledad y presiento que, en muchos casos, es hasta un saboteo a nuestros propios sueños.

Cuando el sufrimiento llegó al extremo, me quedé con la soledad porque no tenía otra opción. Parecía un hueco negro, pero descubrí que no era así.

Comencé ese largo camino a mí, fui construyéndome poco a poco, encontré las raíces de mis dolores y fui colocando vendas en cada herida de mi alma; algunas necesitaron suturas y otras hasta cirugía plástica para disimular la gran cicatriz. Llegó un momento en que disfrutaba tanto de mí, llené mi vida de tanta armonía y felicidad, que lo último que deseaba era una pareja que estorbara aquello.

No puedo afirmar que me arriesgué a la soledad, pero sí que ella me tomó de la mano y me llevó a mi esencia para que brotara mi mujerabilidad. Solo gracias a eso hoy soy yo misma y tengo la dicha de caminar al lado de un hombre que respeta quien soy y está dispuesto a vivir desde el Amor concreto.



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