Eposak, donde quiero vivir

Eposak significa «logro» en lengua pemón y de eso se trata esta fundación. Supe de ellos por un tweet, me llamó la atención el nombre y que me hablaran de apoyar emprendedores. Entré a la página y con los ojos aguados llamé desesperada a mi mamá para que la viera. A esta gente había que apoyarla.

campamentoRecibí de mi madre el legado de crear sentido de pertenencia en éste país (Venezuela). Hoy hago una vida de recorrerlo, relatarlo y fotografiarlo, de compartir lo hermoso que veo e intentar que tomemos conciencia para mejorarlo. Cuando vi lo que hacía Eposak (pueden/tienen que verlo en www.eposak.org) lloraba de alegría porque esta gente estaba llevando a otro nivel lo que mi madre ha hecho siempre y yo continúo. Eposak es una fundación que no se limita (como nosotras) a dar a conocer pequeños emprendedores del turismo. No. Ellos, además, les consiguen financiamiento, los capacitan, los promueven y los apoyan con camiones de cariño y esperanza para que salgan adelante con sus proyectos. Sólo ver la página web, hacer click y donar lo que uno pueda es conmovedor. Ahora bien, nada me preparó para lo que me tocaría vivir en el Valle de Kamarata el fin de semana pasado.

Valenta y yo fuimos invitadas por Eposak para conocer de cerca el proyecto. Nos daba mucha risa que llamaran tanto a confirmar y recontra reconfirmar, porque desde el primer instante apartamos la fecha con tinta china en las agendas. No nos íbamos a perder ese viaje por nada del mundo.

Con la maletica en la mano llegamos el viernes a las 4:45am a la Plaza Altamira donde una sonriente Karen nos esperaba con Oscar. Ahí supimos que los otros periodistas eran Gerhard Weil y Eduardo Rodríguez. También estaba José Díaz que daría un curso de rescate y primeros auxilios y Esteban Torbar, fundador de Eposak. Arrancamos al aeropuerto Caracas, esperamos a que abrieran el cafetín y comentamos el viaje. Los únicos que ya conocían la zona era la gente de Eposak, mi madre y yo, así que para los otros el viaje sería aún más sorprendente. Desayunamos y nos dividimos. Los periodistas en una avioneta y los demás en la avioneta que piloteaba el mismísimo Esteban. Cuando cerraron la puerta de nuestra avioneta, al pobre Eduardo se le bajaron los ‘suiches’ y le comenzó un tic nervioso. Sufría de claustrofobia y lo que venía era un vuelo de 2 horas con poco espacio. Lamentándolo mucho y con el dolor de su alma tuvo que devolverse y cederle el puesto a José. Me asombró el poder de las limitaciones de la psique, cuando la mente se niega es difícil controlar la situación.

eposakVolamos plácidos entre el sueño y la lectura hasta Uruyén, uno de mis lugares favoritos en el mundo. Ahí nos recibió Victorino Carballo junto a su familia, los pemones propietarios de este campamento a orillas del río y cobijado por la falda del Auyantepuy. Lo primero que hice fue ponerme el trajebaño y lanzarme al agua color té para sacarme el madrugonazo de encima. Almorzamos y salimos a hacer un paseo en las cercanías del campamento para ver unas cascadas preciosas. Nos acompañó Arturo, uno de los chicos que Eposak capacita para ser guía turístico. Nos bañamos, gozamos y, cuando veníamos de regreso, veo un grupito caminar hacia nosotros, enseguida noto la contextura corpulenta de Eduardo y comienzo a gritarle eufórica, él agitaba los brazos al aire cual ventilador y todos nos abrazamos entre sorprendidos e incrédulos al verlo caminar por la sabana como si nada. Nos contó cómo Esteban lo había ido convenciendo cual muchachito, hasta caramelitos le dio y le conversó largo y con aire acondicionado para hacerlo resistir las tres horas de vuelo que su avioneta se echaba hasta Uruyén. No había empezado el recorrido y ya a Eduardo le había cambiado la vida.

Esa noche cenamos y conversamos largo. Algo me tenía sensible, porque la absoluta certeza de Esteban de que este país daría un vuelco radical hacia el progreso me hizo llorar a mares. Supongo que esto de ser una militante del optimismo resulta agotador de a ratos, especialmente en una Venezuela tan conflictiva como la que me ha tocado vivir. Debe ser por eso que conseguirme con alguien que le apuesta todo a lo mismo que yo me generó como una explosión del alma, un sentir que no soy una loca absurda nadando a contracorriente. Dormí removida.

cascadaMe levanté de madrugada, en viajes pasados a Uruyén jamás había logrado agarrar al Auyantepuy despejado para una buena foto, esta era la oportunidad. Me senté horas en la pista a esperar que una nube al Este cediera y dejara al sol hacer lo suyo sobre la pared. A las 7 fue que por fin se colaron unos rayitos y me dejaron hacer mi tan anhelada foto. Entendí que sólo soy paciente para fotografiar algo que quiero, no sé si haya algo más en el mundo que me haga esperar hora y media sentada a merced de los puri puri (mosquitos de la zona).

Gerhard se fajó toda la mañana a hacer su programa de radio desde un teléfono satelital. Esta vez fue Karen la que me hizo llorar con sus declaraciones. El optimismo, la seguridad de que el cambio es posible, la fe, la alegría con la que esa mujer hace su trabajo me desarmó por completo.

Me volví a bañar en el río para despedirme de Uruyén y arrancamos a Kavak, un campamento más grande e igual de bien ubicado en las faldas del tepuy. Ahí apareció Eulalia con su pinta de pemona de antaño, Hortensia, Alexander y todo el que tenía que ver con el funcionamiento de Kavak. Vimos todos y cada uno de los tres campamentos, comimos piña, saludé a Rosita que tenía años sin verla y hablamos con los pemones sobre la importancia de mantener sus tradiciones, la locura que vivieron con Aerotuy y la necesidad de tener vuelos más baratos y acceso a teléfono o internet para sacar adelante a Kavak como destino. Tras eso nos agasajaron con un hermoso ritual de baile pidiéndole permiso a la Cueva de Kavak para entrar a conocerla. Volví a llorar -ya les dije que andaba sensible- la viejita pemona bailando con los muchachitos, dejándoles el legado de su sabiduría milenaria tan respetuosa con la naturaleza, me conmovió profundamente.

Entonces emprendimos camino a la cueva, otro de mis lugares favoritos en la tierra. Vas por el río y se abre una laguna entre peñascos enormes, a la izquierda se asoma un pasadizo estrecho que cruzas asido a una cuerda. Lo que te consigues al final es una cascada poderosa que horadó las piedra hasta crear una caverna amplia de paredes gigantescas, un útero primitivo, un espectáculo natural que me deja igual de estupefacta cada vez que lo presencio. La impresión es unánime. Todos estamos anonadados. Gerhard y Eduardo parecen dos muchachitos, no hay manera de sacarlos del agua.

casabe_ninaRegresamos a Kavak, almorzamos rico y abundante para arrancar a Kamarata. Llegamos y comenzamos el recorrido por La Misión, la escuela, vemos cómo se hace el casabe y lo probamos recién hechecito y con picante, nos conmovemos con los cuentos de Flora y René y su panadería mínima, vemos la churuata de Fany que no logra terminar porque no hay cemento y llegamos al campamento de Santos que le está quedando increíble.

Todo el tiempo me sorprende lo pequeños y fundamentales que son los proyectos, el entusiasmo de los pemones potenciado por el de Eposak, las dificultades, la emoción de querer salir adelante, de sentirse apoyados, el sentido de comunidad, la solidaridad.

Esa noche el profesor de la escuela nos prepara el más primoroso de los espectáculos: los niñitos se disfrazan, cantan, bailan, juegan, nos invitan a bailar, hacen una vasija y le entregan a Esteban un bordado de agradecimiento. Obviamente me lanzo de nuevo en llanto, es demasiada alegría y fe, más de la que mi pequeño cuerpo puede sostener, por eso se desborda en lágrimas gordas como garbanzos.

Cenamos opíparo, canto Luis Miguel con las chicas y me voy a dormir. Entiendo cuánto le ha cambiado la vida a Eduardo cuando lo veo tratando de resolverse su primera noche en la vida encaramado en una hamaca. Lo hace sonriente y curioso.

felicesNos levantamos, recogemos el perolero, llovió durísimo toda la noche y no voy a lograr hacer otra foto del tepuy. Me voy con las chicas al conuco de Petra y me uno a la algarabía que causan los pepinos verdecitos y las lombrices fertilizantes. Esperamos a que abra el tiempo, nos despedimos. Se me queda un pedacito en el Valle de Kamarata que no quiero buscar jamás. Si vuelvo, será para dejar más.

Gracias Karen por hacerme llorar con tu entusiasmo y mística infinita. Gracias Lucía por tu mirada clara, tu hablar pausado y esa manera de creer en lo que haces. Gracias Mayita por hablar a mil por hora y actuar aún más rápido, eres el motor fuera de borda que impulsa a Eposak. Gracias Joselyn por la sonrisa eterna y la dulzura perenne. Gracias Esteban por creer así de desbarrancademente en el futuro y saber contagiarlo. Gracias Edu por ser tan absolutamente espléndido, sencillo y tener ese corazón abierto a lo que venga. Gracias Gerhard por compartir el entusiasmo de hacer país y tener la humildad de dejarme enseñarte fotografía. Gracias a los pemones del Valle de Kamarata por enseñarme que las dificultades son para superarlas y convertirlas en posibilidad. Gracias al Auyán porque siempre me hace sentir chiquitita. Gracias Eposak por enseñarme de cerquita el país en el que yo quiero vivir.

 



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