Un equipo llamado pareja

Digamos que ayer tuviste una pelea con tu media naranja. No pienses en las emociones alteradas durante la discusión, mas bien concéntrate en la situación por la que discutían, y contesta con honestidad: ¿realmente hiciste el esfuerzo por resolver la situación o simplemente te enfocaste en ganar la pelea?

Este tipo de situación se presenta con tanta frecuencia en nuestra vida en pareja que casi se torna rutinaria. Así pues, lo que deberíamos hacer en principio, justo antes de comenzar con nuestro argumento es pensar si atacando frontalmente, lograríamos que esa persona querida cambiara su opinión a nuestro favor. Realmente ¿vale la pena este tipo de confrontación?

La mayoría de las veces pensamos que tenemos la razón, minimizamos su punto de vista y les dejamos claro que ellos siempre están equivocados. Es una manera de demostrar que llevamos el control de la relación, sin tomar en cuenta que la pareja es nuestro socio con quien debemos trabajar en función de mejorar la relación que ha sido motivada por nuestro amor y afecto.

“Déjalo pasar”. ¿Cuántas veces hemos retomado viejas peleas para caer en lo mismo? Particularmente he perdido la cuenta. Esto ha sido motivo de reflexión para entender que escuchar simplemente lo que la otra parte nos quiere expresar, y más difícil aún, dejarlo finalizar su argumento nos permitirá a nosotros ser escuchados con claridad sin necesidad de insanas interrupciones. Mientras mayor sea la comunicación, menor será la posibilidad de revivir viejas rencillas.

Una pelea limpia y constructiva nos dejará la sensación de que ambos nos entendemos bien, no de que uno de nosotros obtuvo la victoria. Compartir es entrar en sintonía con la persona a quien queremos, con ánimos de resolver los conflictos conjuntamente sin saltar uno por encima del otro. La clave es competir menos y conversar más en términos de perpetuar nuestra relación, que al fin y al cabo funciona como un equipo de trabajo.

De esta manera todos ganamos.

 



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