¿Eres un ególatra o estás rodeado de ellos?

El ego es innato en la especie humana, es uno de los recursos fundamentales del paradigma de la supervivencia. No se trata precisamente de creerse el mejor o de tener la autoestima elevada, se trata justamente de todo lo contrario.

El ego se encargará de protegerte de posibles infortunios y con toda la buena intención del mundo intentará ahorrarte un mal rato, pero muchas veces se le va la mano y lejos de protegernos, nos paraliza, no nos permite explayar nuestros sentimientos y armar una vida más fácil, porque siempre está advirtiendo de los peligros. Es como una mamá primeriza con su hijo pequeño.

Estas son algunas características que reflejan que el ego va por delante de la persona:

Encuentran en todos lados motivos para ofenderse: Son prácticamente «cazadores profesionales de ofensas», pasa una sutileza salida de la boca de alguien por el aire y la atrapan al instante. Creen que todo lo que el prójimo hace-dice-piensa es en su contra. El ego en estos casos lo que intenta es protegerles de cualquier ataque que puedan sufrir, les avisa constantemente que no deben relajarse porque el enemigo está constantemente planeando la manera de degradarlos-despreciarlos-ofenderlos.

Querer tener la razón: pareciera que quedarse con la última palabra es lo más importante del mundo, y para ello se invierten grandes dosis de energía en busca de  los recursos para ser el más listo y callar al otro. Además de que se utiliza el cerebro para una actividad muy poco fructífera intentando hilar argumentos agotadores. 

Identificarse con lo externo: es decir, poner tu identidad en aquello que está fuera de la esencia, como por ejemplo el cuerpo o la profesión. Cuando estas personas van al gimnasio por ejemplo, lo que más les motiva es imaginarse cómo están siendo vistos por los demás, y para ello se miran constantemente al espejo que está situado al lado de la parte de las pesas de musculación, van a observarse mientras ponen los brazos tiesos.

Identificarse con la profesión también es externo: Soy abogado-periodista-médico. Es más urgente que ser persona.

Ponerse la capa de Superman: Recuerdo una entrevista de trabajo que tuve a los 23 años, era en  una empresa donde todos los universitarios queríamos trabajar en aquel momento. Fue larguísima, de esas a modo americano que aquí en Europa se usan tan poco, con infinidad de test psicométricos, que el test del «hombre bajo la lluvia», que el de la «casa-árbol-persona», que el Roscharch, y un montón de lindezas más. Finalmente, te pedían que dijeras cual considerabas que era tu peor defecto, y sorprendentemente la mayoría decíamos  cosas como: «Soy muy exigente conmigo mismo», soy «adicto al trabajo»,  etc. Ego total. Nadie tenía defectos de verdad para confesar.

Hacer de la forma de vivir una imposición: Ser crudivegano, raw-food-diano, activista ecológico, feminista, etc. Pero siempre desde el juicio hacia lo que hacen o dejan de hacer los demás, dando constantemente lecciones acerca de los peligros de no reciclar la basura, de los ingredientes transgénicos de los alimentos y mirando con reparos el plato del vecino,  es decir, observando el panorama desde una loma, donde la única verdad que cuenta es la de su causa.

Punto de observación: Una de las contracaras del ego es la autoestima. He observado que la gente que está segura de sí misma no se ofende fácilmente, ante una nimiedad son capaces de  hacer borrón y cuenta nueva rápidamente. Y todos contentos.

En fin, me he divertido mucho escribiendo este artículo, me hizo reflexionar sobre cosas mías también y espero que a ti también te guste y te ayude.

¡Cuando liberas el ego, las posibilidades se vuelven infinitas!



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