¿Eres intolerante a la lactosa?

Cada día son más los niños y adultos que rechazan la leche de vaca porque son alérgicos a la lactosa, o simplemente porque no es de su agrado. Con mayor frecuencia, para las personas que enfocadas en llevar un estilo de alimentación más saludable prefieren no consumir productos lácteos, cualquiera sea el caso, las leches vegetales se han convertido en unas excelentes aliadas.

Es importante señalar a qué se debe la intolerancia en nuestro organismo: normalmente la lactosa del alimento llega al intestino delgado y allí la enzima lactasa divide el azúcar en glucosa y galactosa, así, el cuerpo puede absorber fácilmente la lactosa. La intolerancia se debe a la falta de una enzima (escasez de lactasa) que hace que la lactosa no se pueda dividir. En consecuencia, la lactosa llega al intestino grueso con ayuda de bacterias intestinales, se fermenta y favorece la formación de gases. Esa es la razón por la cual aparecen esas molestias estomacales como gases intestinales, náuseas o sensación de saciedad.

La lactosa no solo está presente en la leche de vaca o cabra, también puede estar presente en algunos productos industriales como conservantes para la elaboración de salchichas, margarinas, helados, salsas, algunos fiambres, cereales, sopas instantáneas y hasta en medicinas. Otro punto importante es que con muchísima frecuencia la enfermedad celíaca va de la mano de la intolerancia a la lactosa, esto debido a la lesión de la mucosa intestinal característica de la celiaquía. Mayormente, la intolerancia a la lactosa disminuye después de haber comenzado una dieta libre de gluten y de lácteos.

En ese sentido, las leches vegetales son unas aliadas perfectas a la hora de sustituir los lácteos. Contienen una gran concentración de minerales, vitaminas, calcio y ácidos grasos esenciales diferentes entre una y otra, por lo cual, una recomendación acertada sería ir variando entre leche y leche, para aprovechar la variedad de nutrientes que ofrecen cada una de ellas.

Es recomendable prepararlas en casa, dejando en remojo durante la noche los frutos secos, semillas o variación de estos, para luego licuar, colar y mezclar. Se puede endulzar al gusto con miel, endulzante, stevia, y colocarle vainilla o canela. Pero si por alguna razón decides adquirirla, es importante verificar la fecha de elaboración, a menos de que sea un producto de larga duración (UHT) como pueden ubicarse la leche de almendras, arroz o soya. Estas al ser productos 100 % naturales y sin conservantes, tienen una duración limitada y dependiendo de los ingredientes utilizados (por ejemplo, con endulzantes o vainilla pueden durar menos), la duración promedio es de dos a tres días (hasta unos siete, bien refrigeradas) y preferiblemente en envase de vidrio.

Al consumirla deberán removerse, porque suelen asentarse al fondo, de esa manera se aprovechará en su totalidad el contenido. Entre ellas tenemos:

Avena: Se obtiene una leche dulce y cremosa. Sirve para cocinar, pero no tanto para la repostería, puede resultar una textura muy densa. No apta en las dietas del autismo y la celiaquía.

Arroz: De consistencia ligera, con un ligero dulzor, es ideal para acompañar cereales.

Almendras: De consistencia cremosa, es ideal para consumir en las bebidas calientes (café, té) y también para cocinar y en la repostería.

Coco: Es una leche de una textura suave y fresca, ideal para cualquier uso, especialmente con cereales, batidos y bebidas calientes. Mezclada con lechosa, un trocito de jengibre y un cambur es un batido energizante para esos días que nuestro cuerpo nos pide una dosis extra de energía.

Y si el asunto es que nos cuestionemos si falta calcio, recuerda que alimentos como el brócoli, las espinacas y las vainitas son una alta fuente de este, y por qué no, aprovechar nuestro clima y exponerse un ratico al sol, para favorecer la absorción de la vitamina D.

Hasta la próxima.



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