Eres lo que dices

Albert Einsten dijo: «Nuestro lenguaje forma nuestras vidas y hechiza nuestro pensamiento». No puedo estar más de acuerdo. A esta frase solo le agregaría: el pensamiento, como el lenguaje, es acción.

El lenguaje cerca y delimita nuestras vidas. Puede salvarnos tanto como puede destruirnos o destruir a otros. Dota de sentido, de peso, todo lo que sucede. Nada termina de ser real si no se nombra, si no se expresa a través del lenguaje. ¿Qué es el ser humano: lo que desea, lo que hace, lo que piensa? Algo es seguro: a nivel social, el hombre es lo que dice y cómo lo dice. También es su cuerpo y es lo que le emociona.

Luis Castellanos —filósofo e investigador en el campo de la neurociencia— ha ido más allá. En la ciencia del lenguaje positivo explica que el lenguaje —consciente— no solo construye la vida, sino que es capaz de alargarla. Palabras positivas inciden directamente en nuestra salud creando sistemas de protección en nuestro cerebro. «Si las empleamos bien, podemos vivir más años”, afirma. Lo mismo pasa al revés.

Al margen de las creencias religiosas de cada quién —yo por ejemplo no me suscribo a ningún credo en particular y tengo mi propia forma de practicar la espiritualidad— en el budismo existe un principio que se conoce como Ley de Causa y Efecto que rompe con aquella idea de que “la casualidad existe” o de que un “Dios molesto” es capaz de castigarnos por nuestros actos. Señala que “toda causa tiene su efecto y todo efecto tiene su causa”. Para aterrizar un poco más la idea, parte de que para cambiar los efectos que tenemos en nuestra vida, es necesario cambiar las causas. Nos hace responsables de lo que tenemos, nos empodera y no busca respuestas en el exterior.

Por eso hoy en día, cuando me siento envuelto en una situación que me resulta un tanto desagradable, me pregunto: ¿cómo me estoy expresando respecto a esto? Cambiar la forma en que nos estamos expresando puede cambiar absolutamente nuestra realidad.

Recientemente en Venezuela, un tweet desafortunado de un reconocido cocinero sobre los perros callejeros desató las palabras más crueles que jamás había leído sobre su persona. Llegó un punto en el que no supe qué era peor, si lo que el chef dijo o la reacción de tantas personas en las redes sociales. Más allá de los argumentos que cada quien pueda tener, me pregunto si aquellos que opinaron, insultaron y descalificaron —que son los mismos que el día de mañana criticarán al animador, a la miss, al cantante, al deportista o a la escritora— están conscientes de lo que están construyendo para sí mismos.

Mi mamá siempre ha tenido una manera más coloquial de explicarlo: “la lengua es el castigo del cuerpo”.



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