¿Es mi conciencia individual?

Hace unos días leí una frase que decía que el yoga es un método, una disciplina, una técnica que une la conciencia individual con Dios. Parece una explicación sencilla, pero ¿realmente tenemos claro qué es la conciencia y qué tipo es la que predomina en cada uno de nosotros? Intenté seguir mi lectura, pero las palabras no dejaron de deambular en mi cabeza hasta que decidí indagar un poco sobre ellas. Disertemos, entonces, sobre conciencia individual.

Conciencia es el conocimiento espontáneo, claro y reflexivo de la realidad, la actividad mental que te permite sentirte presente, como un ser real, en el mundo. Es lo que te permite comprender lo que está bien de lo que no, tanto dentro de ti como en el entorno.

Cuando ese conocimiento parte de ti, de tu propia reflexión, y rima de manera cónsona con tus valores, pensamientos, palabras y acciones, eso es conciencia individual. Ahora, alguien podría preguntar: «Pero ¿eso no es lo que sucede en cada individuo?». Y mi respuesta es que no, no son pocas las personas que piensan, hablan y actúan desde una conciencia colectiva.

La conciencia de masa (colectiva), cuando es manejada con un propósito insano, trata de cascar tu propio conocimiento de la realidad para inocular, de forma persuasiva o conmovedora, una idea o línea de pensamiento y hacer que la concibas con una fuerza, una viveza tal, que llegas a tomarlas como propias perdiendo tu capacidad de discernir.

¿Resultado? Quebrantamos nuestra individualidad para convertirnos en borregos, algunas veces explotados, otras veces manejados o ambas.

Cuando tu conciencia parte desde lo individual, estás atento, de manera crítica, a toda la información que llega a tus sentidos. Esto te permite evaluar lo que está bien o no, lo verdadero de lo falso, te da seguridad para obrar bien, de reconocer qué es lo que te conviene o no del entorno. Si quieres pertenecer a un grupo, lo haces porque estás convencido de que es lo que quieres sin condicionamientos de orden social, religioso o político.

Actuar desde nuestro propio conocimiento interno y del entorno nos hace menos vulnerables a sentimientos negativos como la soberbia, la presunción o la arrogancia.

Mientras más libre de conciencia eres, te vuelves más creativo y pueden surgir ideas innovadoras que contribuyan a mejorar tu entorno social.

Volviendo a la frase que originó toda esta disertación, una conciencia libre, propia, que mantenga la armonía entre el pensamiento, la palabra y la acción nos va a permitir conectarnos de una manera más fluida con Dios y es allí donde el yoga puede cumplir su cometido.



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