¿Es necesaria la ayuda profesional para mejorar nuestro bienestar emocional?

Vivir sin emociones sería similar a ver una película sin el sonido. Son un componente clave en los logros, en las relaciones y en el bienestar. Elemental en nuestra expresión y en cómo experimentamos nuestro vivir. Concentran como un rayo láser la energía primigenia que da vida a muchas cosas, pero también capaz de destruir. De su adecuado manejo dependerá que seamos esclavos de ellas y de las circunstancias, o que las usemos para nuestro propio beneficio.

En nuestra relación con eventos diversos de la vida diaria vamos teniendo una serie de reacciones orgánicas. Estas también son activadas por nuestros pensamientos y recuerdos. Toda esta bioquímica contribuye a la formación de nuestros sentimientos y estado de ánimo, moldea nuestra percepción y nuestro pensamiento, y nos predispone a determinadas reacciones.

Al margen de las circunstancias y eventos que pudieran justificar determinadas emociones, pensamientos y estados de ánimo, estos procesos tienen un cierto sesgo individual que está asociado con nuestra historia de vida y nuestra biología personal. Es decir, que cada persona puede tener mayor o menor dificultad para reconocer, tolerar y regular determinados afectos, sea por exceso o por defecto.

Una persona “normal” que no padezca de ninguna psicopatología identificada en el manual diagnóstico y estadístico de las enfermedades mentales, puede tener una dificultad específica para manejar uno, dos o tres afectos primarios. Esto puede ser suficiente para descarrilarlo y mantenerlo a la deriva cada cierto tiempo. Estos desajustes pueden llevarnos a desaciertos en los que no incurriríamos de estar mejor preparados en el manejo de nuestra afectividad.

Todos sabemos que si tenemos un mal día podemos recuperarnos haciendo ejercicio, asistiendo a alguna actividad cultural y de esparcimiento, o rodeándonos de personas cálidas y estimulantes; que al enfrentarnos con determinadas frustraciones no es bueno “tragárselo” y que hay expresarlo de algún un modo; que tenemos que cuidarnos de no pasar por encima de otros y hacerles daño o atropellarlos; y que un entorno complejo puede justificar tener más emociones y vivirlas más intensamente sin que esto tenga mucho que ver con factores personales .

A pesar de la gran cantidad de recomendaciones sobre cómo mejorar la vida emocional, el estar informados puede que no sea suficiente. Leer sobre este tema o asistir a alguna actividad formativa es importante, pero un cambio más duradero puede requerir de la ayuda de un especialista.

Si hay alguna dificultad específica en el manejo de los afectos, ésta puede originarse en una memoria emocional, no verbal, que inhibe las iniciativas de cambio. Para reprocesar esto, liberarnos de pautas repetitivas y permitir que el entrenamiento afectivo no ocurra solo a nivel intelectual, hay que recurrir a técnicas que deben ser manejadas por un profesional de la Psicología que actué como su “entrenador” personal.

Un entrenamiento personalizado puede ayudarnos a reconocer, tolerar y regular nuestras emociones mejor, evocar ciertos afectos a voluntad, manejar nuestros pensamientos, aprender a serenarnos e intervenir en nuestro estado de ánimo. Esto va a contribuir al desarrollo de nuestra inteligencia emocional permitiendo que nuestra vida mejore sustancialmente; aumentando nuestra capacidad de producir bienestar emocional, ser más eficaces en el logro de nuestros propósitos, tener mayor satisfacción personal y tener relaciones más enriquecedoras.

A continuación encontrará algunas preguntas que he elaborado en función de mi experiencia trabajando con este tema en empresas, con individuos y conmigo mismo, que le pueden ayudar a guiar un autodiagnóstico sincero.

¿Hay alguna emoción o varias que le cueste experimentar? ¿Hay alguna emoción que experimente muy a menudo o muy intensamente? ¿Tiene dificultad para reconocer alguna emoción en el momento en que la experimenta? ¿Hay emociones que le cuesta detener una vez que las experimenta? ¿Bajo los efectos de emociones intensas actúa de un modo del que luego se arrepiente con cierta periodicidad? ¿Tiene un estado de ánimo típico asociado con Usted? ¿Es impulsivo y reactivo? ¿Tiene baja energía, vitalidad y entusiasmo? ¿Basa su identidad en alguna emoción? ¿Termina siendo motivado por sus emociones? ¿Hay ciertas experiencias emocionales que se repiten en su vida?

Responder afirmativamente a varias de estas preguntas puede indicar que existen efectivamente oportunidades de mejora que requieren de una ayuda profesional. En ese caso, comprometerse con un entrenamiento personalizado en manejo de los afectos puede ser la mejor decisión de su vida.

Puede encontrar una mayor ampliación sobre este tema en el siguiente enlace: Gerencia de los Afectos.



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