Es que me habla tan bonito…

Es que me habla tan bonito…

Y allí estaba ella, tan enamorada de ese caballero quien desde que la abordó le escribía como un poeta. Parecía cuidar cada palabra para agradarla, sabía de hecho acariciar su alma con cada cosa que le decía haciéndola saltar de emoción y, por supuesto, sentirse entusiasmada al saber que había podido despertar tan hermosos sentimientos, incluso a distancia… y es que nunca le había visto a los ojos porque lo conoció por internet.

Hay personas que definitivamente no solo nacen con el don de la palabra, sino que lo transforman en un arma de seducción; pueden hacerte creer que estás ante alguien definitivamente especial y maravilloso porque probablemente nunca nadie te habló así.

Quizás en este punto te estés preguntando: ¿Qué tiene de malo entusiasmarse por alguien capaz de decirte cosas tan hermosas? Te contestaré: depende, las palabras pueden ser muy vacías independientemente de lo profundas que nos pudieran parecer cuando no cuentan con el asidero principal que no es otro que las acciones que puedes observar en consecuencia.

 ¿De qué te sirve recrear tu oído si en la práctica no observas correspondencia? Por ejemplo, ¿cuánto te puede llenar que te diga que te ama si no se esfuerza por verte? Si te dice que está muy ocupado y por eso no puede dedicarte tiempo, ¿te compensan las palabras de amor?

Cuando nuestra autoestima no está sólida, tendemos a conformarnos con lo que hay, más que ir tras lo que merecemos. El tema amoroso no es la excepción, por ello quise compartir contigo esta reflexión.

Ámate tanto que no permitas tener en tu vida menos de lo que sabes que mereces, y desde allí entender que las palabras se disfrutan (por supuesto), pero si las mismas no se corresponden con las acciones, pueden hacer mucho daño, es decir, vestirse de frustración y engaño.



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