Es sólo un número

Hoy conversaba con mi tío que tiene un poco más de 40 años, le comentaba mi percepción sobre él, lo siento joven, enérgico, dinámico. Concluí, lo que para mí empieza a ser una gran verdad, algo que vengo tratando de entender sobre la edad. El significado que se le da a un número a veces es frustrante, por tu edad debes acarrear con ciertas expectativas o «tenerque» haber cumplido determinados patrones impuestos por realidades, que no necesariamente son las tuyas.

Cuando tenía 24 años, mi abuela me llamó desde Bogotá, sumamente preocupada, ya que la mayoría de mis primas de la misma edad, estaban casadas y con hijos, la única que faltaba (y falto) era yo, su preocupación era propia de una abuela que se crió en una época distinta, una en la que sus expectativas distan mucho de las mías. La invité a pasar un par de días en Caracas junto a mí, a compartir mi vida, a verla más de cerca para entender, por qué, aún, para mí, no era una prioridad casarme ni tener hijos. Así fue, de los momentos que he vivido con mi abuela ha sido una experiencia maravillosa; la llevé a mi oficina, en ese entonces yo era productora de comerciales para tv, fuimos a comer a un restaurante al que iba a tomar una copa de vino mientras leía, vino a una fiesta conmigo, le mostré mi amada UCV y caminamos por diversos lugares con mis amigos, que la incluían con respeto y amor en nuestro entorno. El día que regresó a Bogotá, con toda su sabiduría de abuela, me dijo que jamás podría haber entendido mi vida de no ser por esos días que pasamos juntas, mi abuela, que en otro tiempo, había sido muy rígida, ha ido aligerándose y entendiendo, junto a nosotros, que la vida no es necesariamente como la sociedad te la ha mostrado desde que tenemos conciencia.

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Desde cosas como el príncipe azul, hasta que debes casarte antes de los 30, tener una casa, un auto y un empleo determinado, todo ha ido cambiando, sin embargo no es sencillo adaptarnos a un momento en el que todo se transforma a pasos agigantados y no tenemos ejemplos claros de lo «que debemos ser» a determinada edad.

En el fondo eso me gusta, saber que soy parte de quienes dibujan una nueva generación, aunque me causa ansiedad en ocasiones, me llena de libertad ante la posibilidad de inventarme, conozco mujeres que tienen hijos a los 39, personas que a los 50 deciden cambiar de vida, personas que a los 32 inician una nueva carrera en la universidad, que practican un nuevo deporte a los 40 e infinidad de casos que me demuestran que la edad es sólo un número.

Cuando tienes 22 te dicen «tienes toda la vida por delante» ¿a los 30 no? ¿Y a los 40? ¿Y a los 80? Es lógico que el cuerpo cambia, que las necesidades, costumbres y rutinas se adaptan a los procesos que uno va viviendo, pero honestamente, siento que no tenemos derecho a decirnos que no tenemos la vida por delante. Siempre que podamos respirar, mantenernos activos mental y emocionalmente, tenemos la vida por delante. ¿Cuándo cambia eso? ¿Por qué nos limitamos verbalmente? La edad no es un obstáculo es sólo un número, obvio, hay que intentar ser coherente y mantener un equilibrio entre tus experiencias, tu edad, tu vida, tu proceso, ya que resulta positivo.

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Sin embargo tengo amigos de 27 años que aún no han terminado el bachillerato, amigas que a los 20 han conformado un hogar y creo que cada quien está en su propio camino, y que nada está bien ni mal, siento que nunca se es demasiado joven o demasiado viejo para emprender nuevas metas, y para atravesar circunstancias de la vida, en las que lo importante, sin importar la fecha del almanaque, es que te mantengas creyendo en ti, en tus capacidades, en la oportunidad que se tiene cada día de aprender algo nuevo y de dar lo mejor de uno mismo, al menos para mí, sentir que cada día de mi vida, tengo toooda la vida por delante, más que motivarme, me inspira.

La capacidad de reinventarse y de vivir satisfactoriamente depende de uno mismo, sin importar la edad, conozco gente de 16 que ha leído todas las obras de Dostoievski, personas de 45 que salen en skate a patinar, mujeres de 50 que inician la universidad, sólo digo algo, basta de prejuicios, ni los tuyos ni los míos ni los nuestros, basta de decirnos que no podemos, de pensar que estamos demasiado viejos para algo, de creer que hacemos el ridículo, de no sentirnos como nos vemos y queremos ser, de imponernos maquetas que no nos complacen, más bien empecemos a intentar motivarnos a nosotros y a quienes nos rodean.

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Regreso a mi abuela, hace un mes conversaba con ella por teléfono y entendí que se sentía frustrada por no poder manejar una computadora, le pedí a mi primo de 13 años de edad que le explicara, la abuela ahora está aprendiendo a chatear, su frustración se convirtió en algo que ahora la estimula y la hace darse cuenta que no es tarde para aprender algo nuevo y que los límites, sólo te los pones tú.

Me siento agradecida con mis procesos internos, con las posibilidades que se abren ante mis ojos y con el vigor que vivo cada día de mi vida, espero ser una abuela como la mía, un roble que camina con seguridad hacia nuevos horizontes, que no siente miedo de explorar, y que se adapta a nuevos tiempos, llenos de cosas por descubrir y que se regala la posibilidad de sentirse proactiva; no sé que edad exacta tiene mi abuela (sé que más de 80) lo que me importa es que es una mujer maravillosa, que tuvo diez hijos y los educó con las herramientas que tenía, en cada celebración baila, juega con sus nietos, sonríe, regaña, abraza y nos hace recordar la inmensa alegría de estar vivos sin importar la edad.

Así que no te detengas, es ahora, el mejor momento para empezar a hacer eso que quieres, buscar ese empleo aunque pidan a alguien más joven, estudiar lo que quieres porque es posible, aprender a tocar ese instrumento, iniciarte en un pasatiempo diferente, dejar la frustración de un lado, quitarte los prejuicios, impregnar a los demás con tu espíritu y tu capacidad de iniciar el camino hacia una nueva meta, sentirte vigoroso y recordar que la edad es sólo un número.

 



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