¿Escapar de (cuál) maternidad?

No pocas veces nos encontramos con madres que darían todo por poder escapar un rato de sus “obligaciones” maternales. Se angustian también por no pertenecer más al mundo “real” en el que se cumplen expectativas de eficiencia, perfección y belleza que no tienen correlato en la crianza.

Esto sucede en ambos miembros de la pareja. Los padres se angustian al ver a su compañera “partirse” para dar de mamar contra dolores en los pechos, atender el llanto del bebé o vivir contra horarios “normales” (que no aplican en el postparto y primeros meses del bebé). Y además creen que no pueden participar, siendo hombres.

Como comentábamos en un post anterior, esos parámetros del exterior roban la libertad a la mujer-madre (y al hombre-padre) que se encuentra con su poder creador.

Para fomentar esta desnaturalización, por ejemplo, se dan una serie de recetas que involucran una doble moral:

  • Existen unas especies de “burqas” que sumen al bebé en oscuridad y calor para que la madre amamante “recatadamente”, y esto se produce en una sociedad en la que admiramos los escotes y las prótesis, que desde luego pueden ser muy atractivas en ciertos casos, pero enviando el mensaje de que la función natural -no objetual- de los senos, es obscena, y no al revés.
  • Se dan mensajes negativos o errados sobre la lactancia natural, incluso miembros del personal de salud consideran, en buena medida, que amamantar “desgasta”, y que más allá de los seis meses provoca malsana dependencia, o se recalca (falsamente) el poco valor nutritivo de la lactancia en ese momento… En una sociedad donde la escasez, las alergias y el déficit económico hacen tambalear a las familias.
  • Se medicalizan los portales espirituales naturales. De este modo, si las madres lloran y se sienten abrumadas, creen necesitar (o son remitidas a) psiquiatras porque, al dejar a su bebé en la guardería con solo seis meses, a ambos se les parte el corazón, pero, mientras tanto, en esta sociedad los verdaderos transgresores y criminales no cuentan con asesoría clínica ni tratamiento de efectiva reinserción social.
  • Se recetan dietas rigurosas a la puérpera, que la debilitan y le envían el mensaje implícito de que para amamantar hay que hacer un gran sacrificio, cuando en realidad, su necesidad de recuperación y regeneración celular y nerviosa es tan importante como el crecimiento del bebé.
  • No se respetan los tiempos del bebé y la puérpera, o no se vive “un día a la vez”. Apenas empezamos a dar teta en casa, pensamos en cómo será la vuelta al trabajo, o cuál es el mejor extractor y cómo se arma un banco de leche, se prevé como si fuese a sobrevenir una escasez, y se desatiende lo más importante, la instalación plena de la lactancia, las posturas en las que ambos se conectan mejor, la observación de los gestos, ruiditos y movimientos que indican necesidades y ritmos del bebé.

Viendo todo esto, sentir  deseos de escapar de la maternidad está bien, es perfectamente legítimo y saludable, dada la cárcel de mitos y estrategias que nos impiden crecer y criar en libertad. Por ello debe propiciarse un espacio para que mamá pueda vivir-se nuevamente como individua y parte de la naturaleza.

Dejamos de mirar al bebé y nuestra maternidad cuando tratamos de salirnos de la burbuja que ordena la naturaleza del continuum, al complacer un mandato impuesto, y esto tiene un alto precio. Se esciende el espíritu, y un alma pequeña se resiente…

Cuando nos sentimos incómodas, asfixiadas, anuladas, agobiadas, por la crianza, estamos manifestando esta tierra de nadie en la que podríamos llegar a sentirnos rehenes. Es normal, pero la llave la tienes tú. Tu intuición te está diciendo: se vale la libertad para criar con amor a tu bebé.



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