Escogiste a tus padres para recordarte qué NO hacer

Antes de encarnarte en este cuerpo físico, hijo de la materia, te hiciste dos solemnes promesas:

1. Te prometiste seguir evolucionando, es decir seguir iluminando tu oscuridad.

2. Te prometiste no repetir los comportamientos oscuros que ya habías experimentado en otras vidas.

Hay una serie de comportamientos, tendencias y actitudes oscuras que ya has utilizado a lo largo de la multitud de experiencias (vidas) que ya has conocido (como ser). Antes de adoptar este cuerpo físico, tomaste la firme decisión de no volver a comportarte desde esa oscuridad ya experimentada. Sí, te prometiste no repetir esos comportamientos equivocados y tan dolorosos para ti.

Fiel a tu promesa, ya antes de nacer, escogiste a un hombre (papá) y a una mujer (mamá) para que se convirtieran en los fabricantes de tu cuerpo físico. Les escogiste, pues de todos sus comportamientos, los oscuros que ellos manifiestan en esta vida son los mismos que tú decidiste no volver a utilizar. Al ver esos comportamientos en tus progenitores, tendrías siempre presente qué decidiste no volver a manifestar.

En realidad escogemos a nuestros papás con un único propósito: que nos sirvan de ejemplo en lo que no hacer. Sí, puedes releer la frase para asegurarte de que lo has entendido bien. He dicho ejemplo de lo que no hacer.

¿No es acaso sorprendente que hagamos precisamente lo contrario? ¿Cuántas personas conoces que no imiten a sus progenitores precisamente en sus comportamientos negativos?

El gran contrasentido de nuestras vidas

Aquí es donde nace el verdadero contrasentido de toda nuestra vida: ¿Cómo podemos querer a alguien cuando nos estamos dando la espalda a nosotros mismos, a nuestra promesa y al cariño que ya sentíamos por nuestros futuros maestros: papá y mamá?

Desde esta nueva (recordada) visión de tu vida, puedes ver claramente por qué es un contrasentido criticarles o incluso llegar a odiarles. ¡Los elegiste desde tu conciencia libre para que te ayudasen! ¡Ellos iban a ser cotidianamente tus maestros, los maestros en lo que no hacer!

No necesitas imitar a nadie

Puedes estar preguntándote, ¿y qué pasa con sus otros comportamientos, los buenos, acaso no está bien que los imite? Esos comportamientos luminosos no se los hemos copiado al humano, pertenecen a la Fuente, surgen en ti, al igual que en ellos, de la esencia creadora misma. No necesitas imitarlos, solo manifestarlos tú también.

Recuerda: ¡Nadie te juzga! Tus verdaderos Padres (esencia creadora) te quieren y siempre te van a querer incondicionalmente, hagas lo que hagas. Desde su mirada infinitamente amorosa y compasiva ven que solo te has olvidado y que por tanto eres prisionero de tu propia equivocación y sufrimiento.

Nos identificamos con el fabricante

A lo largo de los distintos continentes, razas y culturas la educación nos inculca el mismo mensaje: «identifícate con tus progenitores». Lo que nos lleva invariablemente a: “olvídate de tus verdaderos Padres” (la esencia creadora misma).

En el momento en que nos identificamos con nuestros progenitores nos olvidamos de quiénes somos en realidad (seres energéticos) y de qué hemos venido a hacer a esta experiencia terrestre (nuestra misión).

Confundidos, les conferimos los superpoderes pertenecientes a nuestros verdaderos Padres (la esencia creadora). Les convertimos en nuestros dioses particulares.

Según vamos creciendo (al llegar a la adolescencia) descubrimos que los que llamamos «nuestros padres» (papá y mamá) no tienen respuestas para todo. Descubrimos que no pueden aliviar nuestro sufrimiento y nos sentimos decepcionados. Nos sentimos solos ante el peligro (fruto del olvido de quiénes somos).

Al sentirnos defraudados, les culpamos. Sentimos rabia y al mismo tiempo nos sentimos culpables por sentir rabia contra los que hemos hecho nuestros dioses creándonos un círculo de malestar de difícil solución.

Les exigimos una serie de comportamientos y nos creamos unas expectativas que por mucho que se esforzasen nunca podrían llegar a cumplir. En lugar de verlos como son, con sus defectos y debilidades propios de la raza humana y aceptarlos así, nos olvidamos de que ellos mismos, como nosotros, también se han olvidado de quiénes son.

¿Te das cuenta de cómo podrían ser las relaciones paterno-filiales sin estas falsas expectativas y exigencias del ego?

Este es un extracto obtenido del libro gratuito: Egolución. Manual de Espiritualidad Práctica de Anne Astilleros que puedes descargarte libremente en: www.anneastilleros.com/es/manual



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