Escuchando nuestra voz interior

La estimulación continuada del día a día, puede despertar en nosotros reacciones que a veces nos alejan de nuestro verdadero centro. Una cosa es cómo nos comportamos, el conjunto de nuestras respuestas que conforman un patrón reconocible por otros. Y otra lo que somos como conciencia, nuestro sentido de identidad, nuestros valores, nuestra idea de continuidad.

El grado de intersección entre ambos «sectores» de nosotros, da cuenta de nuestro grado de coherencia. Esta puede variar entre las personas y aun una misma persona puede tener diversos grados de coherencia en sus diferentes áreas vitales. A veces no somos del todo coherentes entre lo que consideramos en nuestro fuero interno y lo que terminamos por hacer en la práctica. Por ello, hay un dicho que reza «si no actúas como piensas, terminas pensando como actúas». Esta sabiduría popular coincide con los planteamientos que hizo el psicólogo León Festinger en relación a las discrepancias intrapersonales.

Luego de investigaciones sobre el cambio de opiniones y actitudes Festinger formuló su teoría de la disonancia cognitiva, según la cual plantea que las personas necesitan coherencia entre la forma como piensan y su comportamiento. Cuando hay incoherencias se produce una tensión interna que motiva a la persona a reducirla, sea reconsiderando su comportamiento para ajustarlo a sus creencias, ideales y expectativas, o sea intentando modificar estos parámetros para lograr un ajuste a la conducta exhibida.

El economista Chris Argyris, junto con el sociólogo Donald Schon, llegaron a conclusiones similares en forma completamente independiente estudiando el cambio organizacional. Se dieron cuenta que una cosa es lo que los gerentes «dicen» y otra «como se comportan» en realidad. Usaron un modelo para entender esto, que diferencia entre la «teoría elegida» y la «teoría en uso».

Joseph Luft y Harry Ingham propusieron un modelo ilustrativo para mejorar lasa relaciones, conocido como la Ventana de Johary, que trata este mismo asunto, en el que plantean –entre otras cosas- que hay aspectos de nuestro comportamiento que no conocemos, pero que sí se dan cuenta los demás.

Lo cierto es que podríamos actuar en una dirección diferente a lo que consideramos conveniente. Estas incoherencias pueden ameritar «actualizar» nuestros parámetros personales (creencias, valores, expectativas, ideales). Otras veces, será necesario recapacitar sobre la dirección tomada y modificar el rumbo para lograr un mejor ajuste a nuestro «dictado interior». Pero ¿cómo saber si lo que debe cambiar son nuestros parámetros o nuestro comportamiento?

escucha-vozinteriorTal como comento en un artículo de mi blog es una práctica saludable estar a solas de vez en cuando, sin la estimulación del día a día, sin las presiones culturales y sociales, haciendo introspección personal, mirando hacia dentro, para debatir con uno mismo y poder alcanzar un diálogo interno de manera de poder dilucidar el mejor camino a tomar en cada momento.

Para algunos esto puede requerir hacer la Ruta de Santiago, para otros ir a Stonehenge, otros prefieren Machu Pichu, el Tibet o la Tierra Santa. Sin embargo, no creo que este contacto «consigo mismo» tenga que ver con lugares exóticos, energéticos o espirituales. Uno puede irse al parque más cercano o incluso quedarse en casa y lograr el mismo resultado.

Tiene que ver más con una apertura hacia sí mismo, con hacerse las preguntas adecuadas, con estar interesado. Implica desconectarse de la estimulación mental, no identificarse con las ideas que aparecen en la mente, buscar el reposo y la calma interior, aquietando su actividad, para poder «ver» las diferentes ideas y posibilidades, sin apegos ni juicios, como un espectador, calibrando el efecto que producen en nosotros, ya sea de paz o de intranquilidad, para así integrar las diferentes experiencias y parámetros personales de manera que podamos escuchar nuestra propia voz interior.



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