¿Escuchas a tu cuerpo?

¿Escuchas a tu cuerpo?

Esto se ha convertido en una competencia. La vida, digo, y desde hace tiempo. Es una competencia contra los demás, donde sacar las mejores notas, obtener los mejores resultados, la mayor cantidad de reconocimientos, en fin, donde llegar de primero es una meta plausible y respetada.

Hay más. Todo esto implica desarrollar una serie de competencias (esta vez en el sentido de aptitudes, cualidades, etc) que nos ponen en una pugna no solamente con los demás, sino con uno mismo. Llevarse a los límites se toma por algo normal y, creyendo ser los más diligentes y acertados en el plano laboral (cosa que no siempre pasa, porque siempre puede haber alguien mejor, o sencillamente más rápido), terminamos siendo negligentes en lo que respecta a nuestro cuerpo.

De repente, aparece un dolorcito en la baja espalda, las manos y los pies pueden sufrir palpitaciones no regulares, quizás una leve erupción en la piel, o tal vez empezamos a sentir cansancio extremo. Y seguimos. Alegamos –siempre en voz baja, si no en silencio- que “eso va a pasar”, que “ya podremos descansar”, porque “no hay tiempo para parar”.

Yo no soy médico, pero creo firmemente que ignorar los mensajes que nuestro cuerpo nos manda a diario puede devenir en un dolor más serio que, ¡oh sorpresa, qué hice yo para merecer esto!, venga acompañado de palabras como, por ejemplo, cáncer.

El punto es que hay que escuchar a nuestro cuerpo que, repito, nos manda mensajes a diario diciendo “todo bien”, o “cuidado con aquello” o “no vuelvas a hacer esto”. Y así, nuestro cuerpo se va convirtiendo en una radiografía de nuestras elecciones. Creo que lo que comemos hace la diferencia, así como lo que bebemos, el cómo hablamos a los demás, a nosotros mismos.

Por eso, destaco algunos de los mensajes que nuestro cuerpo a veces nos manda:

  • Come sanamente. ¿Quieres comer diariamente en la calle? Debes saber que incluso en algunos restaurantes –perdón por arruinar la fiesta- se preocupan más por el sabor que por tu salud, y así tus platos pueden verse estimulados por sustancias que potencien más el sabor, en vez de ir por lo básico. Y es más caro. Busca una dieta llena de vegetales y colores. Mientras más, mejor.
  • Rodéate de gente buena y compasiva. Las personas pasivo-agresivas, mal intencionadas y negativas en general van a contribuir a generar más estrés para tu vida. Uno siempre sabe quiénes son estas personas.
  • ¡Descansa! ¿Cómo se va a recuperar tu cuerpo si siempre estamos llevándolo al límite, empujándolo? Descansa profundamente y haz que la mañana te agarre con las energías renovadas.
  • No seas agresivo verbalmente con tu cuerpo. Que si no te gusta esto, aquello te sobra, esto podría verse mejor, que si ya no rinde como antes… cansa un poco, ¿no? Recuerda los principios del yoga: equilibrio entre la mente y el cuerpo. Si tu mente está insultando todo el tiempo a tu cuerpo, este buscará y encontrará la manera de pasar factura. Mejor es que se lleven bien.

Aprender a escuchar a tu cuerpo te hará llegar más lejos.



Deja tus comentarios aquí: