Ese Medio Llamado Dinero

Ese medio llamado dinero

Hoy necesitas moverte de la casa al trabajo. Te levantas, te vistes y vas caminando veinte kilómetros, que es la distancia que debes recorrer. Mientras caminas, ves a un colega ir en bicicleta, y también ves a otro colega ir en automóvil. La pregunta es: ¿quién se siente más satisfecho con su empleo? Hoy vamos a hablar acerca de la trampa del dinero como “vía rápida” a una falsa libertad que encarcela el espíritu.

Desde pequeña siempre he escuchado a la gente preguntarse “cómo ganar más dinero”, de la misma manera como veía en la televisión “cómo ser feliz más rápido”. Ahí me comencé a preguntar cuán rápido se necesita ir para lograr lo que se quiere sin llegar deprimido.

El dinero lo hace rápido, pero no mejor

Carlos quiere ser conferencista y paga a una renombrada gurú para que le enseñe a hablar en público. Con unos 12 mil dólares este obtiene el guion de la conferencia y el tiempo de práctica para que logre expresarlo todo, de la mejor forma posible, ante 500 personas que estarán para escucharlo. Llega el día de su presentación y la gente al final lo aplaude ovacionadamente.

Ahora tenemos a Carlos, seis meses después, con la fotografía de ese momento en la sala de su casa, buscando maneras de reproducir por sí mismo una experiencia similar. El problema de Carlos existe en muchísimos lugares y no es muy distinto de otros que pagan por llegar rápido a la cima, pero al desconocer el “cómo” (aquello que sabe el que llega caminando), vive dependiendo de otros y creyendo que las puertas las abre el dinero.

El mito de los bajos recursos

Seguro tú me dirás: “hey, pero es que el dinero es un medio para obtener recursos”. Entonces, vayamos a la otra parte del camino, aquella de la gente que considera que tiene bajos recursos y que no puede llegar a ninguna parte. Esta es básicamente la misma creencia, pero vista desde el que no tiene.

Imaginemos ahora a Sandra, quien también desea hablar en público, pero aprendió con libros y viendo videos en YouTube. Sandra se sentó algunas semanas y meses para aprender lo básico, pero invitó a tres amigas a escuchar su presentación. Luego se ofreció ante una organización sin fines de lucro como conferencista voluntaria, y luego allí conoció a alguien que la invitó a dar una charla en una pequeña empresa. Seis meses después, Sandra tenía varias horas de exposición pública y fue entendiendo el valor que generaba en la audiencia, lo que la llevó poco a poco a cobrar por sus servicios.

Cuando no se tiene el dinero que se quiere, la mente desarrolla la habilidad de ingeniar soluciones progresivas que llevan inexorablemente al éxito.

La próxima vez que quieras lograr algo en tu vida o desees emprender en algo, pregúntate si estás utilizando el dinero para evadir el camino o si lo estás invirtiendo para apalancarte. ¿Cómo saberlo? Porque el primero genera dependencia, mientras que el segundo crea autonomía. Si sabes llegar al destino y llegas satisfecho, entonces el medio es irrelevante.



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