Eso que estás pensando lo estás creando: ¿Cómo funciona?

El primer artículo surgió por una frase que publiqué en mi Twitter: «Toda situación que vivimos nace primero en el mundo de lo invisible. Todo es energía. Somos seres espirituales experimentando lo humano».

Cuando un pensamiento despierta una emoción, ese sentimiento se convierte en una fuerza creativa que le dice al espíritu qué situación estamos «pidiendo» experimentar.

Hay dos tipos de energía emocional: amor o miedo. Ambas tienen poder, pero sólo una crea lo que en verdad vinimos a vivir, el amor. La otra, el miedo, inventa películas de terror que en realidad no existen ni tienen sentido de existir. Una atrae la abundancia, y la otra la carencia.

Es importante que sepamos que no siempre somos conscientes de todos los pensamientos que tenemos. Algunos operan sin que nos demos cuenta, en el subconsciente, moviendo en nosotros emociones que generalmente pertenecen a experiencias del pasado; manejando nuestra vida como si fuésemos marionetas sin poder de elegir y decidir algo diferente. Por eso meditar, escucharnos y observarnos ayuda a estar más atentos a lo que pensamos.

Cuando la mente se queda en el pasado, crea más pasado. Pareciera que hay una tendencia a revivir una y otra vez en nuestra imaginación, esos viejos momentos que nos causaron angustia, enojo o dolor. Si las emociones que despiertan esas historias no son sanas probablemente volvamos a repetir más de lo mismo. Y no porque haya un karma que nos persigue, sino porque lo que percibimos que pasa afuera, es el reflejo de lo que nos está sucediendo adentro.

Entonces, ya podemos dejar esa agotadora costumbre de escribir «culebrones» en la cabeza, y en cambio abrir el corazón para perdonar y dejar atrás lo que pasó; dándonos la oportunidad de sacar a la luz esas emociones guardadas que nos están pidiendo irse de ahí. Incluso el cuerpo se mantendrá más saludable.

Cuando se nos antoja ir más rápido que los tiempos de la vida e imaginarnos un posible futuro, pero andamos flojos de confianza y seguridad, el temor de «que pase lo que ya pasó y sufrí», o el miedo de «que pase lo que no quiero que pase», nos llevan a sentir ansiedad. Por supuesto, con las emociones encendidas, fabricamos eso a lo que tanto le tememos; no mañana, hoy mismo. El tiempo será el encargado de traer la situación a nuestra vida.

Por eso si queremos imaginarnos un futuro, que sea una película maravillosa, en la que se hacen realidad nuestros sueños con grandeza.

Sin embargo, como bien sabemos, la clave es aprender a centrarnos en el presente; que en definitiva es el único momento en el que siempre estamos. Con la atención en el aquí y ahora, nos libramos de las ilusiones del pasado y el futuro. De esa manera abrimos las puertas a las infinitas posibilidades que el universo nos ofrece, sin limitarnos. Esto no quiere decir que dejamos de planificar u organizar nuestra agenda, pero podemos hacerlo sin aferrarnos tanto a los planes, aceptando que sucederá exactamente lo que tenga que suceder, y aprenderemos lo que haya que aprender a favor de nuestra evolución.



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