Eso que siempre quisimos hacer

Frank y Wilma son una pareja de Nueva Zelanda que está en bancarrota con una deuda de 80 mil dólares porque los médicos le diagnosticaron erróneamente un cáncer terminal a Frank y decidieron hacer realidad su lista de deseos pendientes antes de morir. Así como la película The Bucket List, aquella protagonizada por Jack Nicholson y Morgan Friedman.

Frank había sufrido de cáncer hace unos años y cuando le dijeron que parecía haber regresado y le quedaba poco tiempo de vida, vendió su casa, regaló parte de sus bienes, se fue con su esposa en un viaje de lujo a las islas Fiji, visitó a sus hijas en Australia y regresó a esperar la muerte y que el seguro de vida se encargara del resto.

El asunto es que la historia de Frank no es tan rara (apartando el detalle del error de diagnosis y la deuda). Todos tenemos sueños, metas, deseos de cosas que queremos hacer en la vida. Pero por alguna razón, la vida va pasando hasta que nos damos cuenta que no hemos hecho ni la mitad de las cosas que nos gustaría hacer. Y a veces, la proximidad de la muerte es lo que nos recuerda la vida.the-bucket-list

Últimamente se ha puesto de moda eso de tener lo que llaman BucketList, o una lista de pendientes antes de morir. Algunos se preguntarán si no es demasiado que, aparte de las obligaciones, nos impongamos otra lista de pendientes. Pero podemos verlo de otra forma: es darle a lo que realmente queremos hacer, la misma importancia que a lo que debemos hacer.

Entonces la idea no es mala, siempre que no dejemos todo para último momento. Si esperamos demasiado, a lo mejor no nos alcanza el tiempo, o no tenemos la fuerza necesaria, o el dinero suficiente o simplemente no tenemos aviso previo para comenzar con la cuenta regresiva.

No se trata de simplemente hacer una lista de tareas que debemos cumplir para poder morir en paz. No es ponernos una presión más en la vida. Es una forma de recordarnos que hay cosas que nos gustan, que son parte de nuestra esencia, cosas divertidas y cosas que nos reconfortan o le dan sentido a nuestro paso por la tierra, aunque suene tonto.

Probablemente entre nuestros deseos haya más de uno que esté fuera del alcance de nuestros bolsillos como darle la vuelta al mundo. Pero hay otros que están a mano, como volver a contactar a aquel amigo que nos hacía reír tanto, pero hace años que no llamamos; o pasar más tiempo con la familia, salir a caminar todos los días, hacer trabajo voluntario, dejar la pena y cantar en público aunque sea en un karaoke. Así podemos ir disfrutando de la vida poco a poco, sorbo a sorbo.

the-bucket-list2Tampoco es que tenemos que leer todos los libros escritos o conocer todos los países del mundo. Quizás hacer una primera lista por categorías. Por ejemplo, aventuras, metas profesionales, familiares, cosas que quieres aprender, etc. Y de todo eso, escoger lo más importante para nosotros, lo que nos saque una sonrisa de satisfacción. Aquello que al lograrlo nos haga sentir que valió la pena. A lo mejor alguna de esas fantasías se convierte en nuestra forma de vida o profesión.

Y volviendo a la historia de Frank y Wilma, es cierto que están en problemas con una deuda de 80 mil dólares y 69 años de edad, pero como decía mi abuela, nadie les quita lo bailao. Mientras que nosotros, pues podemos comenzar a bailar de una vez, aunque sea empezando por los pasitos básicos.



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