Espacios para la lactancia

Como sucede con todo en la naturaleza, desde la perspectiva de una mujer que amamanta, el tiempo y el espacio se hacen relativos. Las horas se miden por la siguiente mamada del nuevo ser; las noches y los días se suceden dentro de la armonía de la mecedora, la oxitocina y la prolactina. El espacio mide lo que mide un corazón: amplio, inmenso cuando ama; pequeño e incómodo cuando es indiferente.

La indiferencia de los espacios públicos hacia la lactancia materna es uno de los crecientes obstáculos para la primera y más sana práctica de amor familiar. En la medida en que las vallas erotizan los senos, hacen obsceno el amamantamiento. Mientras más ruidosas son las conversaciones de café y alta la música del transporte público, más molesta la demanda de un bebé cuyo primer lenguaje es el llanto.

De ese modo, el rechazo público hacia la lactancia cercena el derecho superior del bebé a salud y alimentación. Además, contribuye con la violencia cotidiana al desestimar el apego temprano como una de las bases de la civilidad. No es de extrañar que nosotros, una generación de poca teta, rechacemos la visión del seno no objetualizado, porque lo humano es relegar el dolor de la carencia.

Desde hace varios años, en aras de esa reconexión y de lograr la sustentabilidad del ser humano y el ambiente, en especial desde la firma de la Declaración de Innocenti, diversas ciudades han observado cómo estas familias que amamantan convierten espacios comunes en espacios amigables para la lactancia. Lo hacen a través de diversas jornadas como picnics y “tetadas” colectivas que consisten en agruparse a esperar que sus bebés mamen, a libre demanda y a cielo abierto.

Espacios_saludables_para_la_lactanciaEl pasado sábado 31 de Julio sucedió por segunda vez una de estas tetadas en Caracas. La travesía fue algo azarosa. En 2010 la habíamos realizado en el Jardín Botánico de la ciudad, y este año el Jardín se mostró especialmente complacido y fraterno con la propuesta. Pero disputas sindicales hicieron inviable la convocatoria. De este modo, con apoyo de la Alcaldía local, descubrimos un pequeño parque que tuvo que revisar su normativa de aprobación de préstamo, para poder responder a la institución solicitante y las familias que en 24 horas debieron mudar el evento.

Sin embargo ese parque, escondido y poco conocido, resultó ser  el albergue ideal para nuestra jornada. Ya que no sólo amamantamos bebés de brazos, es muy importante lo que se ha llamado (quizá de manera no muy precisa) lactancia extendida. Así, contamos con espacios donde corrieron y jugaron de manera segura estos niños mayorcitos, un pequeño anfiteatro donde estuvieron sentadas cómodamente las familias concurrentes, bajo un árbol anciano que nos protegió del sol.

Además de la ergonomía, necesitamos la mirada gentil de la sociedad. Porque las claves para hacer de los espacios públicos lugares responsables con la lactancia materna, dependen más de la mirada que de la tecnología y el mobiliario. Restaurantes, transportes, oficinas pueden ser lugares ideales para amamantar sólo con un cambio de paradigma de sus administradores (o deberíamos decir, un retorno honroso a su ancestralidad).

En lo político, la mayoría de las naciones han firmado múltiples convenios en los que protegen los derechos de las mujeres de amamantar en público. Las tetadas colectivas ponen a prueba este ejercicio democrático. Dude entonces de su convicción democrática si un comité de usuarios, consejo local o alcaldía coloca impedimentos para el préstamo de espacios.

Espacios_saludables_para_la_lactancia_3Por último en esta lista de claves, pero no menos importante, es la presencia de la tribu, del colectivo que apoya el amamantamiento. Desde el padre, que no es sólo un chofer o cargavalijas, sino el bastión emocional y físico de la lactancia y el apego, junto a los medios de comunicación, los patrocinantes, familiares y cómplices, incluyendo a los paseantes citadinos, todos unidos en ese tiempo Kayros que nos saca de la cotidianidad de la vida para elevarnos a la eternidad de la naturaleza.

Solo una anécdota para finalizar. Mientras repartía algunos souvenirs durante el evento, al acercarme a una díada lactando (mamá y bebé), me sentí envuelta en una burbuja de paz. Fue algo especial dentro de una jornada ya muy particular. Y me di cuenta de algo. En ese momento, el taladro de la construcción cercana dejó de trabajar: Metáfora indiscutible de ese mundo que no se permite más que un segundo para adorar el instante sagrado de amamantar, un mundo al que hay que decirle, innumerables veces, una verdad de perogrullo: Amamantar es natural.

 



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