¡Espejito¡ ¡Espejito! ¿Ella o yo?

“Me adora…pero tiene novia” (maravilloso lo que te adora) “Está dando tiempo a que ella se decida a dejarlo” (mientras tú pierdes el tuyo) “El está feliz con esta situación, y a mí me da igual” (te va a crecer la nariz). “Ya no tiene sexo con su esposa … yo si le hago feliz” (no comments) “¿Qué hace con ella?, yo soy más interesante” (La pregunta sería: ¿Qué haces tú con él?). ¿Por qué siempre tengo que ser yo la otra?” (Averíguate) “El va a dejar a su novia por mí” (Y te va a dejar a ti por otra también)…¡Espejito! ¡Espejito! ¿Ella o yo? (amárrate loca)

Estas frases las he escuchado y lo peor… ¡LAS HE DICHO! Más de una vez. Somos capaces de inventarnos cualquier excusa para ganarle terreno a la mal llamada  “OTRA”. No, amiga, entérate,  la otra eres TÚ. ¿Con tantos millones de hombres solteros en el mundo, y tú te metes con uno que está ocupado? Ese cuento de la “amante” que nos venden como que es la más feliz del cuento en las novelas o en las películas no es del todo cierto. Se sufre de gratis y mucho.

Hace muchos años, cuando apenas comencé a darme cuenta de ciertas cosas, viví un tiempo de experiencias (a veces pienso que la vida me las pone para poder escribir). Yo nunca era la “Number One”…¡NUNCA! Uno tenía novia y yo me enteré a los meses. Otro era mi amigo y yo me conformaba con horas de conversaciones sobre «lo mala que era ella” la que no le quería, y yo suspiraba esperando que él se diera cuenta de que yo me moría por sus huesos. Otro estaba con las dos al mismo tiempo (o tres o cuatro). ¡Yo no podía creer mi mala suerte! Así que decidí pedir ayuda.

Una psicóloga amiga me dijo que a esto ella le llama “El síndrome de la bruja mala del cuento” es decir… que no te sientes la princesa nunca, eres la bruja que se ve en el espejo preguntándole ¡espejito! ¡espejito! ¿quién es más bella ella o yo? ¿Quién es más encantadora? ¿Ella o yo? ¿Quién es más fantástica ella o yo? ¡La bendita “comparadera” esta niña! Entonces mi amiga psicóloga me hizo ver claramente que las mujeres con las que me comparaba, eran muy parecidas entre sí y que poco tienen que ver contigo. Eran la imagen de la mujer “perfecta” que yo tenía en mi cabeza para aquella época: Flacas, guapas y dependientes. ¡BINGO! Yo soy diferente, es lo que me hace ÚNICA y no había sido capaz de verlo. ¿Te has puesto a pensar en lo que te hace única? Pues empieza ya corazón.

Cuando comencé a tratarme como ÚNICA y dejé de compararme con otras mujeres, con el tiempo comenzaron a aparecer hombres libres y disponibles. No eran casados, ni tenían 3 al mismo tiempo. Decidí que quería en mi vida hombres que quisieran ver en lo que me hace especial (todas lo somos) en ese momento se suavizan las inseguridades, explotamos nuestras capacidades y talentos, y sacamos a relucir lo que nos hace brillar desde dentro.

Así que “No le hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan”, y yo lo mejoraría “no te hagas a ti misma lo que no te gusta que te hagan”. Si él está casado, comprometido, con otra en la mente o en el corazón Y LO SABES, significa que no es un hombre emocionalmente libre para regalarte todo lo que mereces. Te mereces ser libre con alguien, demostrarle tu amor delante de todo el mundo, sin escondites, ni vergüenzas. Te mereces alguien 100% para ti.

Si estás viviendo una situación tan conflictiva y profundamente desgastante, mírate en el espejito, mira lo bella y maravillosa que eres y sal a la calle con la sonrisa dispuesta a encontrarte con ese hombre completo, maduro y seguro de sí mismo, que no necesita tener “varias princesas”, solo una a la que quiera amar como merece: TÚ.



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