Espíritu en letargo

Espíritu en letargo

Debajo de las gruesas capas que el ego ha forjado en los hombres, yace latente un espíritu aletargado, cuyo fuego intenso, a pesar del frío que propicia la oscuridad del alma esclavizada, no se ha apagado aún. Avivado por el viento de la conciencia, mantiene su flama activa, y está siempre dispuesto a brindar calor y luz al “helado y parco” corazón de los que aún visten los tristes ropajes de la duda.

En el preciso instante en que el alma es descubierta y se hace visible en esplendor a los ojos del hombre, se produce el milagro de la verdad. Verdad que se derrama sobre el campo del espíritu en letargo, y a modo de combustible altamente inflamable, despierta su voracidad, la que lo expande hasta consumir completamente el velo que separa la ilusión de la realidad. Es allí cuando la línea divisoria entre Ser y No Ser desaparece completamente. Lo que antes eran dos es ahora un único territorio, carente de límites y fronteras.

Descubrir el alma es acceder a la paz que acaba con la extensa lucha interna del hombre por comprender el verdadero significado de su existencia. Él conoce ahora su propósito, y eso lo hace libre. Libre de las dudas. Libre de la confusión. Ha puesto alas a su corazón, y se dispone a surcar el firmamento, acariciando el viento y cercando el sol con sus acrobacias, dignas manifestaciones de su arribo a la felicidad. En unión con el universo se dispone a comprenderlo, a integrarse a la naturaleza con quien siempre ha estado enemistado, pues de ella todo saqueó sin una pizca de agradecimiento.

El ego se ha vuelto cenizas, las que, envueltas en el viento huracanado de la esencia, han sido esparcidas en el suelo infértil del olvido. La luz ha sembrado su semilla en cada rincón del espíritu en letargo, y de él ha nacido la esperanza de un nuevo ser. Ser que pronto dará sus frutos como nuevo hijo de la vida. Un nuevo nacimiento experimenta aquel que rompe las barreras de la ignorancia. Dos veces nace quien descubre su propia alma, quien se concede permiso para acceder a su interior, en aras de desterrar a la esencia del anonimato.

Uno es quien deja de identificarse con los infinitos egos que le dominan. El uno es también aquel que ha creado al hombre, y a uno se reduce el ser que experimenta el despojo de las miserias del sufrimiento. Es la conciencia de unidad el remedio para la enfermedad del alma, que vuelve uno a quien múltiple se manifestaba, y que revela al uno en el interior del nuevo hijo de la vida. El fin de la dualidad es la muerte del miedo y el nacimiento de la libertad.

La belleza es la fresca pincelada de la realidad sobre el alma de los enamorados de la vida…. ¡Enamórate de la vida y serás belleza! La belleza es el principal atributo del espíritu manifestado en esplendor, y ansiosa se posa sobre el rostro de los corazones para dibujarles una eterna sonrisa. ¿Qué alma rehusaría ser tocada por la gracia de la belleza, que es la misma hija de la verdad? No recubras el rostro de tu esencia con los turbios velos de la desesperanza. Ve en busca de la belleza que se esgrime danzante sobre el claro espejo de tu alma.

No te pierdas, caminante de mil caminos, en el laberinto de tus dudas, donde el ego ha construido su morada. Busca un claro en el camino despejado de las certezas. Sigue los pasos de tu corazón danzante de plenitud. Escucha la voz interior que clama por guiar tus pasos sobre la senda de la verdad. Sacia tu sed en el pozo de la comprensión, y continúa tu viaje por esta existencia caminando sobre pasos firmes y seguros. Suelta las amarras de tu espíritu en letargo. Abre las puertas de las jaulas de tus condicionamientos y échate a volar con él, derramando tu gracia por doquier. ¿Cuál puede ser el propósito de la humanidad, sino el de sentir plenitud a cada instante? ¿Acaso no es la felicidad lo que buscas?



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