Estacionar el auto tiene más de un costo

En un episodio del entrañable sitcom Seinfeld, el maniático George Constanza encuentra un puesto libre en una calle del Manhattan de los años 90 y decide dejar su carro ahí. No tiene ninguna razón para hacerlo (no está cerca del lugar al que se dirige, no tiene nada que hacer en las cercanías) salvo que simplemente no puede desaprovechar un milagro como ese. Conseguir dónde estacionar -prefiero no usar el anglicismo parquear– es tan difícil en Nueva York, dice, que vale la pena dejar el carro ahí quién sabe por cuánto tiempo, solo por el mero goce de hacerlo.

Más recientemente, en un pasaje de la saga Millenium, el best seller policial del sueco Stieg Larsson, la heroína Lisbeth Salander pasa un buen rato buscando dónde dejar su pequeño automóvil en un barrio de clase media de Estocolmo, hasta que encuentra un sitio a varias cuadras de su apartamento, donde dejará su carro por varias semanas mientras parte a perpetrar una nueva etapa de su venganza.

No estacione: signo que odian los automovilistas, fuente de conflictos cotidianosEsas dos escenas de la ficción tan solo ponen de relieve un problema común a los habitantes de las ciudades, sobre todo de las más densas: nuestro uso de los automóviles no siempre encuentra un reflejo en la disponibilidad de puestos de estacionamiento. El terreno urbano es costoso y rara vez hay espacio para tantos carros, particularmente en las áreas de mayor demanda laboral, donde al mismo tiempo la tierra es cara y la afluencia de gente en automóvil es muy alta también, sobre todo cuando no hay buen transporte público y escasos incentivos para acudir a él. Estacionar es difícil, en algunos sitios caro, y quita un montón de tiempo. Ha surgido un negocio (el del estacionamiento) y un oficio (el de valet parking) a partir de nuestra necesidad de llegar en auto a un lugar y poder soltarlo rápidamente. Y han surgido, también, muchos conflictos entre vecinos por el uso del siempre reducido espacio para depositar esas máquinas sin las que no sabemos, aparentemente, vivir.

El 28 de septiembre, la empresa de tecnología IBM publicó una encuesta hecha en 20 ciudades, con la participación de 8.042 personas, sobre el tiempo que invierten para estacionar el auto y el stress que esa búsqueda de puesto libre causa, los conflictos que involucra, etc. La idea era determinar, en esa veintena de urbes, el costo emocional de estacionar el carro. Seis de diez encuestados dijeron que durante 2010, al menos una vez habían abandonado la búsqueda, y un cuarto de ellos que habían tenido al menos una pelea con otro conductor.

IBM hizo un índice y un ranking: Chicago quedó de primera (con un índice de 51), seguida por Los Angeles, Toronto, Buenos Aires, Montreal, Nueva York, Londres, Johannesburgo, Estocolmo, México DF, Singapur, Madrid, Nairobi (Kenia), Milán, París, Shenzen (China), Moscú, Beijing, Bangalore (India) y Nueva Delhi, esta última con un índice de 140. Las dos ciudades latinoamericanas elegidas, como ven, son las más grandes y son bastante representativas de los problemas de tráfico que tenemos en la región. En las demás hay cierta variedad, entre la modélica Estocolmo y la problemática Nairobi, entre la extensa Los Angeles y la compacta Nueva York.   

El informe produjo varias ideas a las que deberíamos poner atención. Una de ellas es que la búsqueda de puesto libre es responsable del 30% de la congestión en las ciudades e incrementa el efecto invernadero y la contaminación, aparte de que reduce la productividad de las personas atrapadas en ella. En Madrid, el 16% de los encuestados reportan que pasan cada día entre 30 y 40 minutos en esa faena.

El estupendo site The Atlantic Cities comenta que el primer lugar de Chicago debe tener que ver con la privatización de los parquímetros, que tuvo una fuerte resistencia pero que la alcaldía de la ciudad impuso de todos modos, y cita un costado de este problema, en las palabras del especialista Donald Shoup: el precio de la hora de estacionamiento (en parquímetro o en lote privado) influye mucho en el uso del carro. Shoup dice, por ejemplo, y no es el único, que en las áreas de mayor demanda debe ser más caro el parking, como pasa en el centro de Londres, para combatir la dependencia del automóvil y por tanto reducir la congestión y estimular el uso del transporte público y de modos alternativos como la bicicleta.

Ese es un tema que iremos viendo cómo se extiende: el que una ciudad pueda subir o bajar en una zona u otra el costo del estacionamiento para intentar mejorar el tráfico. En Caracas, por ejemplo, la hora de estacionamiento está regulada y todos la cobran igual, lo cual produce situaciones como que en el municipio Chacao se forman filas para estacionar que ocupan canales enteros de las avenidas, un considerable aporte a la congestión. La hora de estacionamiento es barata y junto con la inseguridad y el subsidio de la gasolina induce al uso del automóvil, mientras que en general el transporte público es inseguro, de muy baja calidad, cobertura irregular y muy lento. Resultado: hay gente que madruga para poder ocupar un puesto de estacionamiento a las siete de la mañana, y terminan de dormir dentro del carro apagado y en un sótano, una hora más antes de entrar a la oficina. ¿Les parece que sea eso calidad de vida? El costo económico del estacionamiento en Caracas es bajo. Pero ¿y el costo emocional?

 



Deja tus comentarios aquí: