Estamos más que bien

Terminar una relación (haya sido corta o larga) por desamor causa efectos muy distintos a cuando la razón ha sido traición o engaño. El desamor no origina exactamente sentimientos negativos o agresivos hacia el otro miembro de la pareja; la traición y el engaño sí. De este último caso surgen emociones negativas como mucha rabia, tristeza, estrés, ansiedad y, por supuesto, decepción y desilusión. Es humano e inevitable.  Aun cuando no seamos del tipo de persona que pone a otros en un pedestal, es difícil no sentir que les perdemos el respeto y la admiración cuando los cánones de exclusividad, compromiso y fidelidad que se habían establecido en un principio no se cumplen.

Es importantísimo entender que en el caso del primer engaño, sobre todo al principio de la relación, la culpa no debe recaer sobre quien fue engañado.  Si estamos  conscientes de que tuvimos la mejor disposición de hacer las cosas bien, de respetar al otro, de darle amor y dedicarnos a su felicidad, no debemos tener dudas acerca de nuestra entereza, autenticidad y honestidad; por lo tanto, estamos libres de responsabilidad.  Ahora bien, dejar pasar esa falla una y otra vez, ya nos sumerge en un círculo vicioso en donde nuestra codependencia nos hace responsables de nuestro sufrimiento.

Un buen consejo para superar la ruptura amorosa a causa de una infidelidad es, definitivamente, mantenernos ocupados en actividades nutritivas.  Es obvio que una relación en donde no hubo honestidad por parte de uno de los miembros nos drena emocionalmente; el otro se vuelve un “vampiro emocional”, no nos nutre y nos llena de un vacío muy negativo, porque la mentira es sencillamente algo lleno de “no existencia”.  El amor no puede ser eso.  El amor nutre, fortalece, construye, da nitidez y claridad a los proyectos en común; da paz en vez de zozobra.  Si no conseguimos eso en nuestra pareja y ocurre la ruptura, rodearnos de gente nutritiva como familia y buenos amigos, además de mantenernos ocupados en actividades positivas como deportes, voluntariados, activar nuestra vida social, asistir a eventos culturales, la lectura y otras artes, llenaremos esa nada que todas las mentiras dejaron en nuestro corazón y conciencia.

Al efectuar la ruptura, se deben fortalecer nuestro amor propio y nuestra dignidad, tanto en hombres como mujeres.  Si nuestra autoestima está intacta, no hay razón para vengarnos ni agredir al otro, porque claramente no somos inferiores; en todo caso, debemos mantener la clase, el buen nivel y la elegancia de quien no tiene miedo de mostrar el rostro con la verdad por delante.  Ese sería el mejor “castigo” para el infractor en todo caso: quedar sintiendo que no nos llega ni por los talones.  Ya el resto de lo que sienta e incluso lo que haya hecho es su problema, no el nuestro.  Nosotros estamos más que bien.



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