Estar iluminados

Agradezco la oscuridad. Cuando fuera de ti no hay nada de luz. En la oscuridad de una cueva profunda, en una habitación sin rendijas, o en algún lugar donde físicamente no haya ninguna luz, te darás cuenta de que hay un brillo que proviene de ti. Rodeado de plena oscuridad, encuentras tu propia luz. No existe la oscuridad absoluta porque allí, quien la presencia, lleva la luz de sí mismo. La luz de tu Ser es algo tangible, fulgura donde quiera que estés, emana desde dentro de ti y brilla incluso, en medio de total oscuridad.

El cuerpo humano es el traje que escogió la luz para ocultarse de sí y jugar al placer de encontrarse nuevamente, a través de ti. Pero hay tanta luz en el universo, como un manantial eterno de luz, que necesita más y más formas materiales para poder ocultarse y re-encontrase. Por eso, la luz llama a más luz a jugar al encuentro. Se invoca a sí misma y se atrae a sí misma con gravedad, impulsando la unión de la materia para hacerse nacer de nuevo.

La pulsación del universo no es más que la luz buscándose a sí misma. Es tu propia luz la que brilla a través de los ojos de tus maestros — llámense hijos, amigos, amados, chamanes, estrellas, flores, ríos, gurús, etc. — y al encontrarse, se refleja y se expande espejeando su resplandor. La luz del Ser brilla en las gotas de agua a pesar de su transparencia, en cada color de la naturaleza con una frecuencia distinta, en cada estrella del firmamento, de manera muy evidente en el sol y muy poderosamente a través de los ojos humanos que son conscientes de ella.

Para mí, los ojos son el cielo en esta Tierra. Porque cuando nos miramos, la luz se refleja en ellos perpetuándose hasta el infinito.

“Estás tan iluminado como aquellos que te rodean” me dice mi maestra y amiga Susana García Blanco –citando a su maestro Duglas Brooks–, frase que me encanta escuchar (sobre todo cuando estoy a su lado).

luzEl concepto de iluminación como algo que nos puede, o no, ocurrir, es un concepto erróneo. La luz ya es. Así como subyace en el vacío de cada átomo, la luz habita plenamente este cuerpo mío que escribe y ese cuerpo tuyo que lee, brillando a través de ambos. Ya estás iluminado porque, en esencia, eres luz. Por eso, la iluminación no es algo reservado para los santos o los maestros espirituales; no es algo que nos está esperando, ni es algo que podemos desarrollar, buscar o anhelar. La iluminación es la razón por la cual existes en este momento. Dentro de ti está la luz, plena de dicha porque tu cuerpo le permite ser. Lo que le ocurre a los santos y maestros cuando supuestamente se “iluminan” es que la fuerza de su amor les hizo no temer la luz y pudieron abrir sus ojos para verla dentro de ellos.

En lugar de pensar que algún día vas a iluminarte, reconoce que ya estás iluminado porque de lo contrario no existirías. Una vez que te abras a esta posibilidad, (la de ser un iluminado), emprende más bien la tarea continua de actuar en concordancia con eso. ¿Cómo sería tu vida si de pronto te convirtieras en un “iluminado”? pues… ¡ya lo eres! Estás iluminado desde el día en que tu mamá te “dio a Luz”.
Me alegra haberlo descubierto. Manantiales de luz brotaron en forma de risas y lágrimas, a través de mi boca y mis ojos. Mi corazón se abrió tanto que amé todo y me sentí honrada de que el todo me hiciera parte de él. Una nueva fuerza habita en mi interior, la de saberme “iluminada” y saberlos “iluminados” a todos. Mi gratitud es constante. Amo con más intensidad las cosas que ya amaba y considero que vivir esta vida es lo mejor que nos puede pasar en este universo. Por cierto,  el universo también lo sabe y está en una carcajada eterna. ¿no lo has escuchado en las cascadas?.

Que semillas de luz broten a través de mis palabras y germinen en la tierra fértil de tu mente. 

 



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