¿Estás quemado con tu trabajo? Síndrome de burnout

¿Estás quemado con tu trabajo? Síndrome de burnout

Un paciente me refería en estos días que creía que era flojo a pesar de tener muchos años trabajando en una empresa y haber cumplido en ese tiempo sus objetivos laborales. Piensa que ahora todo ha cambiado, ya no siente motivación, se siente muy nervioso, la posibilidad de que ocurra una variación en lo planificado en el día puede representar para él una catástrofe. Nada lo motiva, no siente deseos de ir al trabajo, lo que siente es una inmensa necesidad de salir corriendo y buscar paz.

¿Es este paciente flojo? Explorando las razones de su sentir, puedo observar que las exigencias del marco legal asociado a las características de su trabajo no solo han cambiado, sino que se han vuelto especialmente estresantes, amenazantes. Los días se ocupan en apagar incendios que dejaron de ser eventuales para ser parte de esta “nueva rutina”. Adicionalmente, los ingresos son insuficientes para poder destinarlos al esparcimiento. Vuelvo a preguntar: ¿es un paciente flojo? La respuesta es no, lo que sucede es que se quemó con su trabajo.

El término Síndrome de burnout no es nuevo. El psiquiatra estadounidense Herbert Freudenberger lo estableció en su libro Burnout: The High Cost of High Achievement, definiéndolo como la falta de motivación o incentivos, especialmente cuando no se alcanzan los resultados deseados.

También Maslach y Jackson, 1981, lo describieron como una respuesta a un estrés emocional crónico cuyos rasgos principales son el agotamiento físico y psicológico, una actitud fría y despersonalizada en la relación con los demás y un sentimiento de falta de realización personal en el trabajo, así como la vivencia de sentirse emocionalmente agotado

Una persona que padece el síndrome de burnout siente poco o ningún deseo de ir a su trabajo, suele sentir agotamiento, nerviosismo, sensación de incapacidad para resolver las demandas laborales. Lo que antes era un estímulo o desafío deja de serlo para transformarse en una amenaza, y su nivel de interacción social con las personas en el trabajo empeora. Simplemente se siente que ya no se puede más.

¿Cómo manejar el burnout?

· Entender y aceptar que hay cosas que están fuera de tu control: es importante aprender a diferenciar qué podemos y qué no podemos cambiar o manejar. Hay cosas que son como son y punto y, el entenderlo reducirá la impotencia y la frustración.
· Establecer una agenda diaria y priorizar: no superar tres objetivos prioritarios cada día es lo ideal, y, por supuesto, comenzar con aquello que más te inquiete, preocupe o mayor impacto pueda generar el no hacerlo. Adicionalmente, en el caso de trabajos complejos, es sano el dividirlo en objetivos más pequeños, ya sabes, un paso a la vez.
· Aprende a decir no y sentirte bien haciéndolo: cargarte con responsabilidades que no son tuyas no es conveniente y, menos aún cuando el hacerlo repercute en tu incapacidad para lograr tus propios objetivos.
· Cambia el chip del no puedo a ¿cómo puedo hacerlo?: desde esta pregunta estimulas tu creatividad, siendo válido también el pedir consejo a personas expertas en situaciones similares.
· Busca el equilibrio: centrar tu vida en el trabajo es una práctica desgastante y rompe la armonía de tu vida. Busca actividades que te conecten con el placer y bienestar, no solo en tus días libres, sino incorpora por lo menos dos de ellas en tu día a día: dar una caminata cuando sientas que no puedas más (hacer un break), comparte con un compañero de trabajo que te agrade; concéntrate en respirar centrando tu atención en algo te agrade y deja ir cualquier pensamiento inquietante que pase por tu mente; disfruta de una buena serie de televisión; entra en contacto con la naturaleza, y cualquier otra actividad que resulte grata para ti. El punto es poder desconectarte de aquello que te estresa en varios momentos del día.
· Verifica que trabajas en lo que te gusta: amar lo que haces te conecta con el disfrute y, de no ser así, seguro llegó el momento de replantearte a qué estás dedicando tu vida. En ocasiones puede que el cambiar de empleo sea parte de la solución.
· Consulta con un psicólogo: iniciar una terapia es de gran ayuda en estos casos para generar cambios cognitivos, emocionales y, por lo tanto, conductuales.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay



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