Este señor si tiene conversación

Este señor si tiene conversación

Decidí ir al supermercado a pesar de ser viernes y fin de mes. Eso nunca debe hacerse si una es racionalmente consciente de lo que le espera. Ir en fechas de quincena implica grandes cantidades de personas tratando de hacer lo mismo que yo… llenar las despensas. Me cargué de valor. Hice una respiración zen, me coloqué en modo OMMMM.  Tenía que cumplir con la misión, el refrigerador de mi casa parecía la Plaza Venezuela solo había agua y luz. Eso valía mi osadía.

Llegué al supermercado. En efecto había familias completas haciendo sus compras. El sonido de las voces (¿ruido?) era intenso, los corredores abarrotados. Era una amalgama de bebés llorando, muchachitos corriendo entre los pasillos, mamás llamando la atención, caballeros hablando por sus respectivos celulares como si estuviesen en sus casas. Todo esto aderezado por música estilo consultorio dental que provenía magistralmente de un piano de cola en la zona de los licores, supuestamente para relajar a los clientes. Aclaro que el piano no se tocaba solo, había un caballero repiqueteando las teclas mientras trataba de evitar a unos muchachitos que querían hacer música con él.

Yo con mi lista en mano decidí que iría, como en los programas de concursos, llenando mi carrito sin detenerme pues ya me había percatado de que la fila para pagar era inmensamente larga. No miré hacia los lados, ni me distraje en cosas superfluas, quería culminar las compras a la brevedad posible. Una vez concluida tenía que ir a mi segundo objetivo: llegar a la caja registradora que tuviese menos gente. Oh- oh!, todas estaban copadas. Fui moviéndome sin éxito por todas las filas como un saltamontes con carretilla. Como un milagro inexplicable, mientras más me cambiaba más se detenía la fila en la que yo me colocaba. Decidí entonces modificar mi táctica, me ubiqué definitivamente en una en la que había sólo seis personas.

Delante de mi había un señor que conversaba sin parar con las personas que estaban delante de él, a sus lados y atrás, quien sabe si arriba también, Papa Dios es muy buen escucha.  Yo estaba justo en el límite, había una persona entre él y yo.  Estoy a salvo… no tengo ganas de hablar sobre el gobierno ni cosas afines, pensé. Pues me equivoqué. El señor estaba inspiradísimo y aunque no lo quisiera, le escuchaba por rebote (aunque no le estuviese prestando realmente atención). Me enteré de su vida, obra y milagros, además supe de la condición climática, del debate posible entre los miembros de la oposición, de sus hijos, de los precios en escalada y de la caída de las bolsas internacionales entre otros muchos temas. Hablaba sin parar; no era excluyente, hasta la cajera formó parte de su audiencia. Yo trataba de hacerme la loca, de no prestarle atención mientras esperaba largamente mi turno. Metía mi cabeza dentro de la camisa pensándome tortuguita tímida; también me coloqué los lentes de sol para pasar desapercibida, pero nada funcionaba. Cada vez que él me miraba en busca de aprobación, yo me ponía a ver el expendio cercano a la caja registradora tratando de perder su atención entre los chocolates, cubitos de caldo, hojillas de afeitar y revistas. ¡Auxilio!, gritaba hacia mis adentros. Cuando por fin pagó por su compra, se escuchó a su alrededor un inmenso y colectivo suspiro, a manera de orfeón universitario. ¿Dónde estaría el señor del piano de cola para acompañar esta melodía?

¿Flores para el hispano parlante?

Heather podría ayudar al señor a ser mejor escucha, dándoles la oportunidad a los otros también de hablar o bien de disfrutar del silencio.

Walnut para todos los demás quienes se sentían influenciados/fastidiados por la conversación, y quedaron drenados por las historias personales del conversador.

Cherry Plum para no perder el control mientras temía volverme loca con la conversación del señor, restaurará mi auto dominio ante la situación.

En mi época más juvenil se decía  “esa persona si tiene conversación” como una forma de halago. En este caso no me atrevería a aplicar el mismo significado, este señor tenía conversación… pero por la longitud del inagotable discurso. Estuvo encadenado hablando sin parar. A lo mejor se sentía solito en su casa y se desquito en el súper. No me lo quiero imaginar en una parada de autobús o en la sala de espera del médico. Desdichada cajera, las conversaciones que debe aguantar en un día de quincena.



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