Estrújalo y déjalo como antes

Mi carácter impulsivo me hacía reventar en cólera a la menor provocación. La mayoría de las veces después de uno de estos incidentes, me sentía avergonzado y me esforzaba por consolar a quien había dañado. Un día un amigo que me vio dando excusas después de una explosión de ira, me llevó al salón y me entregó una hoja de papel lisa y me dijo: “¡Estrújalo!”. Asombrado obedecí e hice con él una bolita. “Ahora”, volvió a decirme, “¡déjalo como estaba antes!”. Por supuesto que no pude dejarlo como estaba; por más que traté el papel quedó lleno de pliegues y arrugas. “El corazón de las personas, me dijo, es como ese papel…., la impresión que en ellos dejas, será tan difícil de borrar como esas arrugas y esos pliegues”. Autor desconocido. 

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El carácter febril de muchas personas les hace explotar en un arranque de irritación al más mínimo incidente. En ocasiones, muchas de ellas se arrepienten de estos incidentes y piden perdón a las personas que han hecho daño. En otras ocasiones el orgullo de la persona no le permite hacerlo o justifica su comportamiento diciendo, “¡yo soy así, y las demás personas me tienen que aceptar como soy!”. Sin embargo, cuando decimos que hay que aceptar a las personas como son, esto no significa que debemos aceptar sus defectos como inevitables y sus acciones como justificables y contentarnos con el “Yo soy así”.

Es importante ser sinceros con nosotros mismos y enfrentarnos a reconocer y aceptar quienes realmente somos. Una tarea que no es nada fácil debido a que a nadie le gusta reconocer sus defectos, ya que nos da una sensación de ser inferiores o no válidos, olvidándonos que todas las personas los tenemos. Sólo siendo humildes, podremos verlos y empezar a trabajar en ellos para poder llegar a ser mejores personas para nosotros y para las personas que nos rodean.

Lo cierto es que todos en algún momento de nuestra vida hemos experimentado un ataque de ira en una discusión con otra persona. La rabia es un sentimiento como otro cualquiera. Sin embargo, el problema de la rabia, no es ella en sí, sino más bien es cuando nos controla, llevándonos a tener comportamientos que nunca tendríamos en un estado de madurez emocional.

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En ocasiones, la rabia, enfado o ira surge cuando las cosas no ocurren como quisiéramos. Estas emociones son mensajes de advertencia para dejarnos saber que “hay algo que necesitamos atender dentro de nosotros”. Sin embargo, algunas personas en vez de escuchar este mensaje y enfocarse en él, se enfocan en otras personas diciendo “es que él me saca de quicio”, “es que ella es insoportable”, haciéndoles responsables de su ira. Nuestra ira no está provocada por otras personas o situaciones, sino por como nosotros interpretamos o el significado que le damos a las situaciones.

Las explosiones de ira seguirán surgiendo hasta que empecemos a cambiar nuestra forma de relacionarnos con ella. Por eso, mi consejo es que empieces a tomar conciencia y no dejes que se te acumule la ira dentro de ti. Comunica tu rabia con firmeza pero sin agresividad. Deja claro cuales son tus necesidades sin hacer daño a las demás personas. Ser firme no significa gritar o ser agresivo, significa respetarte a ti mismo y a los demás.

Trata a las personas como te gustaría que ellas te trataran a ti. Y…, cuando tengas ganas de explotar y decir un montón de cosas de las que quizás más tarde te arrepientas…, acuérdate del “papel arrugado”.



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