Eustrés o Distrés ¿cuál es el tuyo?

Siempre había oído hablar de estrés. Sabía que existía un estrés positivo como una fuerza no patológica que nos conduce a la realización de un proyecto o al cumplimiento de una meta. También sabía que existía un tipo de estrés capaz de inmovilizarnos, de crear una ansiedad tal que puede causar verdaderas enfermedades en nuestro organismo. Ahora sé que ambas condiciones tienen nombre propio.

Comencemos por definir estrés. Este es un término que comenzó a emplearse desde los años treinta del siglo pasado cuando Hans Seyle, estudiante de medicina de la Universidad de Praga, observó que los enfermos que estudiaba, independientemente de la enfermedad que padecían, tenían unos síntomas comunes como lo eran la fatiga, debilidad, pérdida de peso y dificultad para conciliar el sueño. Al comienzo lo llamó el Síndrome de Estar enfermo. Posteriormente, a partir de 1950, Seyle comenzó a llamarlo estrés. Este es un término proveniente de la física y se refiere a la presión que ejerce un cuerpo sobre otro con la tendencia de destrozarse aquel que recibe más presión.

En medicina estrés (del inglés stress, tensión) se refiere a un imbricado conjunto de mecanismos de defensas que se activan como una respuesta natural y fisiológica ante una situación que representa una amenaza al organismo o que implica una mayor demanda superior a lo usual.

Considerar al estrés como sinónimo de un evento patológico sería muy superficial. Es por ello que se han acuñado dos términos para definir cuando el estrés puede ser beneficioso y cuando, al contrario, puede conducirnos a una pérdida de la homeostasis emocional o física en el organismo.

Cuando el estrés va acompañado de un desorden fisiológico hablamos de distrés. Se liberan catecolaminas, cortisol y encefalina en cantidades mayores a lo normal, se produce una aceleración de las funciones del organismo perdiéndose el equilibrio. El distrés puede deberse a un agente causante (interno o externo) de gran intensidad o a una respuesta exagerada del organismo ante un estresor que no representa una amenaza importante.

Según el Instituto Canadiense del Estrés, el distrés pasa por una serie de fases evolutivas hasta llegar a la más extrema, quedarse en una sola fase o circular permanentemente por todas. Estas fases son:

  • Fatiga física o mental crónica
  • Problemas interpersonales y/o desenganche emocional
  • Equilibrio emocional muy lábil con emociones cada vez más agitadas
  • Aparición de dolencias físicas crónicas
  • Establecimiento de enfermedades crónicas relacionadas con el estrés: colitis, hipertensión arterial, ulceras digestivas, asma, entre otras.

Al contrario, el eustrés o estrés positivo nos permite enfrentarnos adecuadamente a situaciones y facilita la toma de decisiones.  Incrementa la vitalidad, salud y energía de nuestro organismo sin causar desequilibrio. En este tipo de estrés no se observan los efectos nocivos del distrés.

En conclusión, en determinados momentos de nuestras vidas, nos ha tocado enfrentar situaciones que nos conducen a estados de estrés de mayor o menor intensidad. Sin embargo, existen herramientas como son las técnicas de relajación, ejercicio físico, practica de yoga, oír música, pintar o muchas otras actividades que nos permitirán alcanzar de nuevo el equilibrio emocional y así  poder enfrentar estas situaciones de tensión de una manera más adecuada.



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