Experimenta, entiende y comunica

La mayoría de las personas hemos aprendido erróneamente que hay que sentirse bien todo el tiempo o hacer lo posible por hacerlo y cuando experimentamos emociones que nos hacen sentir lo contrario abrigamos la necesidad de empujarlas hacia afuera olvidándonos de las importancia de ellas y sus funciones. En ocasiones, los mensajes del mundo externo no nos ayudan, ya que cuando compartimos lo que nos está pasando o lo que estamos sintiendo nos dicen: “Sal de eso ya”, “olvídate del pasado”, “ya conocerás a alguien mejor”, “sé fuerte, los hombres no lloran”. Estos mensajes colaboran a que suprimamos nuestras emociones incómodas y poco a poco aprendemos a reprimirlas para no ser censurados o etiquetados, encerrándonos en un caparazón lleno de emociones contenidas que limita el transcurso de nuestra vida interior y que, además, puede desencadenar una tristeza crónica.

confundidoLas emociones tienen una función: ver lo que está pasando dentro de nosotros. Por eso es importante que cuando las sentimos nos paremos y escuchemos lo que nos están tratando de decir, ya que ellas reflejan nuestro mundo interior. Las emociones nos informan del tipo de vida que estamos llevando, si tenemos satisfechas nuestras necesidades personales, al igual que nos ayudan a conocernos mejor y entender nuestros comportamientos a través de ellas. Sin embargo, en vez de detenernos y permitirnos sentir para averiguar lo que nos está pasando, en ocasiones las suprimimos con alcohol, sexo, drogas, comprando compulsivamente o incluso auto medicándonos. Y en otras situaciones, las invalidamos diciéndonos: “No estoy tan mal”, “ya va a pasar”. Y todo, por evitar enfrentar nuestra realidad, una realidad que nos guste o no, esta ahí.

Lo cierto es que somos muy desconsiderados con nuestras emociones y las ponemos de lado porque nos asustan y nos confunden. Y en vez de quedarnos con ellas y sentirlas, salimos corriendo de ellas o las enterramos para no tener que enfrentarlas. Pero se nos olvida que luchando en contra de ellas, anestesiándolas, suprimiéndolas o negándolas no encontraremos la solución, ya que ellas no desaparecen, permanecen en nosotros, aumentando más y más nuestro malestar que se refleja en nuestro día a día.

Permitirnos sentir y expresar nuestras emociones debería ser parte de nuestra educación y un objetivo en nuestra vida. Para ello tenemos que ponernos en contacto con nuestros sentimientos, expresar lo que sentimos, nombrarlos, entenderlos y comunicarlos. Sólo así nos acercaremos a esa educación emocional.   

¡Atrévete y ponte en contacto con tus emociones! Y no olvides que los sentimientos son personales, eso quiere decir que nadie puede valorarlos, aprobarlos o descalificarlos, ya que son basados en tu aprendizaje y experiencias. Así que…”experimenta, entiende y comunica”.

 



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