Explota la “bicicleta pública”

Se llama public bicycle system, o bicycle sharing. Involucra varios modelos con leves variaciones y modelos diferentes de bicicletas, pero el principio básico es este: pagas una membresía anual o compras una tarjeta de recorridos prepagados o pasas la tarjeta de crédito por un puerto; tomas una bicicleta, igual a las otras que están en esa estación; la usas para hacer una diligencia o acudir a una reunión de trabajo en una zona congestionada, y al final la devuelves a la misma estación o a otra del sistema.

Es fácil y barato tanto para el municipio como para sus usuarios, quienes se ahorran el comprar la bicicleta, el tener que guardarla o lavarla y hasta la angustia de que se la roben.

La idea de estos sistemas es proveer de una solución de movilidad a los ciudadanos y descongestionar los centros de las ciudades, donde son particularmente útiles, sobre todo cuando están integrados a otros sistemas de transporte: es decir, cuando hay estaciones de bicicletas en las estaciones de metro o de tren, o los grandes estacionamientos. Una integración que ahorra el tiempo de recorrido entre trabajo y vivienda: estacionas el carro en las afueras del centro de la ciudad y te metes en él en bicicleta, o lo haces al bajar del tren de cercanías que te trae desde tu casa en un suburbio.

En Amsterdam había un sistema espontáneo de bicicletas colectivas en los años 60, creado por un grupo anarquista. Europa, de hecho, ha tenido sistemas así durante décadas, que fueron frustrados por los robos o la mala administración. Hasta que encontraron el modo de organizarlo como un negocio, en el que uno paga un depósito con la tarjeta de crédito y sabe que no conviene robarse la bicicleta.

En América del Norte empezaron a extenderse en 2006. Varias empresas proveen el servicio. Bixi (bici+taxi), es un sistema desarrollado en Montreal de estaciones alimentadas con paneles solares, con puertos wireless que permiten monitorear la ubicación de las bicicletas y que se instalan sin necesidad de romper ninguna calle o acera. Tiene ya 5.000 unidades en circulación. En París el sistema se llama Vélib, vale a partir de 19 euros al año y se enorgullece de que en junio llegó a los 100 millones de trayectos a cuatro años de su fundación.

Para mediados de 2011, hay unos 200 sistemas de bicycle sharing, en varios parques, campus universitarios y sedes institucionales, y en cada vez más ciudades. Francia. Alemania, Dinamarca, Canadá y Estados Unidos están apostando fuerte a esta modalidad. En México DF se llama EcoBici y lo maneja una firma, Clean Channel, por encargo del gobierno de la ciudad. En Miami existe sólo en el más denso y turístico South Beach y fue llamado, en honor al distrito Art Déco, DecoBike.

Este de Miami, como el de Montreal y algunos otros, permiten que los visitantes de esa ciudad puedan usar el sistema; no es el caso del que acaba de implementarse, en una primera etapa más bien de prueba, en Buenos Aires, con el farragoso nombre de Sistema de Transporte Público en Bicicleta. Hay que vivir allá para poder usarlo. Pero es gratuito, por el momento.

 



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